lunes, 17 de diciembre de 2012

Defíneme olvidar


-     (...) Y esta es mi historia. Un día me desperté y ya no conseguí acordarme de nada de lo que había hecho hasta entonces; tampoco volví a intentar recordarlo. Envolví toda mi vida en un par de sábanas sucias y la tiré por la ventana sin esforzarme por mirar a quien o a qué se le caía encima. Todo había sido un auténtico desastre hasta el momento, era increíble hasta que punto había podido complicar las cosas pero ya poco importaba, todo aquello se acababa de marchar por mi ventana. Encendiendo un cigarrillo subí al coche sin tener muy claro aún cual sería mi destino, en la guantera iba todo el dinero que había conseguido reunir hasta el momento. Me aferré al sol como único acompañante y me lo propuse como meta y a partir de ahí comenzó mi viaje. Aun así, no todo salió tan bien como esperaba, el instinto humano me guió por los sitios más insólitos; si yo te contara criatura... Hay muchas cosas de mí que hubiera deseado no haber conocido nunca. No fueron tiempos fáciles ¿sabes? A pesar de sentir que lo había superado el pasado me perseguía por muy lejos que intentara esconderme, y además, la soledad nunca estuvo hecha para mí.
 No me resultó sencillo echar de menos, me volví arisco a más no poder y me olvidé de existir. El mundo era una auténtica basura y lo peor es que no podía hacer nada para cambiarlo.
Un buen día amanecí en esta ciudad y no sé que coño tuviste para convencerme de que me quedara. Te doy miedo ¿verdad? Te siguen dando temor cada uno de mis gestos... Y no debería criatura, tú a mí me has transformado en algo nuevo, en algo que ni siquiera sabía que pudiese existir en mí. Siempre estaré en deuda contigo por muy lejos que me marche, pero los dos sabemos que mi tiempo aquí se ha agotado. No seré yo el que te obligue a acompañarme pero te aseguro que si quisieses, haría de tu vida toda una aventura.

Se quedó callada durante un tiempo que me pareció infinito. Tenía la mirada clavada en algún lugar de su mente el cual sabía que jamás llegaría a comprender. Había conseguido ser sincero, por primera vez desde hacía demasiado tiempo. Ahora la decisión estaba en sus manos.

-     ¿Toda una aventura? Y explícame, cómo harías eso.
-     Nos marcharíamos de aquí y viajaríamos hasta encontrar nuestro hueco. Conseguiría que te olvidaras de todo lo que ha pasado y que jamás volvieras a pensar en ello
-     ¿Realmente crees que posible? Me refiero al hecho de olvidar. Tú mismo me has dicho que el pasado te persiguió allá donde fuiste. ¿Por qué crees que esta vez sería distinto? No sé, es algo que siempre me he preguntado, ¿somos realmente capaces de olvidar o solo es apariencia? En el fondo pienso que cuanto más tratas de ocultar un recuerdo con más fuerza acaba volviendo a la luz.

-     Pero no es fácil aceptar el pasado, a veces es mejor borrarlo.

-     ¿Y funciona? Si nos fuésemos ahora, ¿Me aseguras de que me dormiría todas las noches sin pensar ni un segundo en lo que he dejado atrás? Sinceramente, creo que olvidar es un verbo inventado. Un intento de darnos fuerza para superar los acontecimientos pero una palabra sin sentido, con un significado muerto, inexistente.
-     Hazme caso. Con el tiempo olvidarías todo esto, aprenderías a no pensar en ello
-     ¿Y aprender a no pensar en algo es lo mismo que olvidar?

-     Supongo que no criatura, pero eso no quiere decir que el olvido no exista.

-     Bueno, pues entonces ayúdame a entenderlo, explícame cómo conseguirás que mi mente consiguiese dejar todo esto atrás… Defíneme olvidar.



Y ante eso, nunca supe que contestar.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tentación


Tan irremediablemente imposible como era haberte encontrado en aquel rincón de Madrid, donde sólo los gatos se restriegan a esas horas. No sé muy bien si fue tu sonrisa o esa forma que tenías de morderte el labio después de soltar algún tipo de reticencia lo que terminó de convencerme. No te conocía de nada, pero me moría de ganas de saberlo todo. Representabas ese pequeño equilibrio entre demencia desmesurada y seguridad determinante. Un bicho raro, de esos de los que ya se ven pocos por aquí. Pero quizás lo que más me llamó la atención fueron tus ojos oscuros; había tanta pena en ellos que transmitían unas ganas infinitas de abrazarte a pesar del disfraz de dama de noche que llevabas pintado en la cara. Representabas tu papel a la perfección pero qué quieres que te diga criatura, siempre fui bueno en eso de leer entre líneas.
Apuré el último trago con tu boca tan cerca que he de reconocer que si no hubiese sido por la gente que aún quedaba en el bar te hubiese arrancado la ropa a mordiscos ahí mismo. Y el hueco que se te formaba al reírte en el lado derecho de la clavícula se me antojó de repente como mi lugar favorito en la tierra.
Del camino a casa me acuerdo de poco, quizás porque mi concentración ya había pasado a otros objetivos y tus ojos se me habían clavado como dos cuchillas de las cuales ya no tenía forma de librarme. Al llegar me confesaste que no tenías la menor intención de quedarte a dormir pero que me dejarías dibujarte hasta que amaneciese. Y no hizo falta nada más.
“Van a ser las primeras líneas de muchas”, dijiste. Y sonreías a la vez que te quitabas la ropa y mientras tanto a mí, sentado en el sofá, se me escapaba la paciencia entre los botones del pantalón.


París, Jun'10



sábado, 17 de noviembre de 2012

Para no olvidar



Para no olvidar me entretengo imaginándome
todo lo que hubiera podido ser
si nunca hubiese pasado nada.
Y me gusta dar paseos de esos que llevan a ninguna parte
para embriagarme de lo que una vez hice contigo,
y que ahora ya no hago con ninguno.

Para no olvidar le recuerdo al tiempo
todos los días que he pasado echándote de menos
y le pido que lleve la cuenta conmigo,
no vaya a ser que un día de éstos nos de por crecer,
y nos olvidemos de lo importantes que eran las casualidades.
Para no olvidar sigo escribiéndote millones de cartas en papel
y las guardo en ese baúl que construimos
a base de falta de sueño y demasiado tiempo libre.
Y cuando nadie más mira le lanzo a Madrid
un par de puñaladas por la espalda,
para que entienda lo que nos hizo, ¿sabes?
Para que entienda por qué desde ese día,
el sol no ha vuelto a salir de la misma manera.

Para no olvidar sigo recreando un futuro contigo
en alguno de los planos,
cuidándome desde la última perspectiva;
como nunca, como siempre.
E intento recrear cada detalle de esa nueva realidad en clave de dos
para que la sientas tan presente como yo
y puedas estar de acuerdo…
O tal vez no.

Para no olvidar sigo subiendo al tejado en los días de lluvia,
quizás para que nadie se de cuenta
de lo mucho que te echo de menos.
Del miedo que tengo.
De lo sola que estoy.
Y me he quitado de encima todas aquellas tonterías
que el mundo entero recomienda
ayudan a aceptar el paso de tiempo;
Qué voy a hacerle yo si ya sabes
que las tradiciones nunca fueron mi punto fuerte.
Que prefiero que den las 10 y conservar la ilusión por un minuto.
No vaya a ser que esta vez sean tus llaves las que entren por la puerta
y ya no corra el riesgo de volver a tener que imaginarte.

Para no olvidar intento no recordar demasiado.
No sea que me de cuenta de todos los detalles que me he saltado,
y luego la rabia, el desconsuelo,
y ese malhumor…
Para no olvidar he vuelto a pintar las paredes de un color más brillante.
Y te he colgado de ellas con la mejor de las sonrisas.
Porque así es como quiero recordarte.
Y así es como debería haber sido todo.


(…Pero a pesar de cualquier intento, todo me sigue sabiendo a olvido,
a forzosos nuevos tiempos)


Tenerife'94

domingo, 11 de noviembre de 2012

Descanso; Ódiame


Llevo varios días tratando de borrarlo todo. Empezó como una guerra de paredes que me asfixiaban hasta tal punto que no dormí en casa en toda la semana. Pero había que hacerlo, ¿verdad?
Y empecé por las ventanas. Para que entrará la luz que hacía ya tanto tiempo te habías llevado a base de mentiras y ansiedad. Hay tantas cosas tuyas a mi alrededor que los recuerdos se me clavan por debajo de las uñas. Y me ahogan hasta no dejarme respirar. Huele a invierno de los malos, y el frío parece haberse instalado antes de tiempo por muchas estufas que quiera encender. Huele a vacío. A que ya no estás.
Y una parte de mí se alegra de haberse dejado de despertar con moratones en el alma, y le agrada pensar que por fin puede librarse de unas cadenas que siempre le apretaron demasiado. Se alegra de haber dejado de vivir asfixiada entre edificios de cristal. Un paso en falso y las bombas estallaban; y así durante tanto tiempo que ya no pudo soportarlo más.
La otra parte de mí se muere de miedo ante un futuro que después de tanto tiempo vuelve a mostrarse incierto y peligroso. Como aquel mar al que nunca te decidiste a lanzarte conmigo y se me antojaba tan fascinante y provocador. De repente se ha vuelto oscuro y no parece sino una tumba excavada a destiempo en la que me he quedado sin manos que me ayuden a llegar a la orilla.
No obstante todo irá bien, ¿verdad? Eso nos repiten a los dos como si entendiesen algo de lo que hemos vivido, como si pudiesen comprender el estado de simbiosis en el que nos encontrábamos encerrados y del que nos han despertado sin ningún tipo de pudor (Creo que ya no me quedan heridas por abrir, si te soy sincera) Aun así, sigue doliendo tanto que oculto mis ganas de verte entre colchones ajenos y he vivido ebria más tiempo del que jamás me gustaría reconocerte. Que ya no me queda más tiempo que regalarte. Te has llevado todo lo que juraste nuestro y aunque lo intente no encontraré las palabras para pintarte el final feliz que prometí.
Ódiame el tiempo que necesites, mi vida. Yo en cambio procuraré no olvidarme de nada de todo lo que nunca pudo ser. Y hasta entonces deja que el viento retome su rumbo y nos deje a cada uno en su destino. Y no te olvides de escribir de vez en cuando aunque no te atrevas a echarme de menos; y es que este mundo sigue siendo nuestro, solo nuestro…


Tenerife, April'12

martes, 30 de octubre de 2012

Vestigio


Se despertaba cada mañana enredada entre sábanas lavadas menos de lo que debería y la manta en el suelo de tanto moverse en sueños. Luego los pies fríos, y ese malhumor. Me acostumbré a evitarla a esas horas y la verdad es que jamás se atrevió a disculparse. Cada vez que se lo mencionaba se reía; tenía la creencia que si había nacido un domingo a las 3 de la tarde todo en ella estaba ineludiblemente conducido hacia el aborrecimiento de los despertares. Y el punto y final que ponía a la conversación me dejaban indicado que no había nada más que añadirle al asunto. Siempre tan descarada.
Vivía cada minuto con una preocupación impropia de cualquiera que presuma de vivir en los tiempos que corren. La espontaneidad corría por sus venas de una manera que envidiaría a cualquiera que se jactase de ser artista. Traté de convencerla un par de veces; que dejase los números a los cuales estaba dedicando su carrera y se dedicase a absorber el mundo de esa forma tan suya para luego plasmarlo de algún tipo de manera. Nunca me hizo caso, por supuesto. Reía alocadamente como respuesta a mi insistencia de que podía llegar tan lejos como quisiera con ese carisma. Pero a ratos se le escapaba algún rizo y me contaba historias sobre como estaba convencida de que un día las cosas cambiarían de tal forma que quién sabe, quizá gobernaría un presidente negro en los Estados Unidos.

Todo en ella era incoherente, y he de reconocer que en los tres años que gocé de su presencia hubo demasiadas ocasiones en las que quise ponerle fin a esta relación absurda de simbiosis desconectada en lo que nos habíamos involucrado casi sin querer. Para ella siempre era ayer y siempre todavía. Nunca alcanzable, nunca preparada, nunca disponible. Puro caos en resumen, en especial para todo aquel que no viera más que a una chica incapaz de combinar zapatos y jersey con el sombrero roto y las gafas sin graduar. A ratos me preguntaba si de verdad ella misma entendía algo de su propia vida. Sin embargo, algo tenía que tener para causar ese sentimiento de imán descontrolado sobre las personas que la rodeaban y el cual te impedía alejarte una vez hubieses creado algún tipo de conexión con su persona. Quizás fue precisamente la incoherencia lo que me llevó a percibir sensaciones que hasta entonces me había imaginado imposibles. Y me obligó a quedarme un rato más, solo por ver, solo por aprender.
Compartía piso con un budista y un hindú. Decía que entre asiáticos se sintió siempre más cómoda pero que Europa era su casa y como tal, no podía permitirse alejarse de ella demasiado. Tenía un gato y alergia al pescado. Le gustaban los domingos y veía películas en francés. Alguna noche de vino y cartas que acabé durmiendo en su sofá, la oí llorar en la habitación contigua pero nunca me atreví a entrar en su habitación. Para mí simbolizaba un limbo encriptado el cual perturbar era casi pecado. Saber la verdad me daba tantas ganas como miedo, y ante la duda preferí siempre conservar mi papel de ingenuo. Hablaba siempre de un chico que le rompió el corazón (jamás dijo su nombre y jamás lo pregunté) y he de reconocer que nunca le conocí compañero de besos sin lujuria. Alegaba que su corazón seguía estando en proceso de recuperación y que eso seguía vigente hasta que pudiera pronunciar su nombre y apellido sin antes romperse por dentro. Era esa miscelánea entre castillo de naipes derrumbado y una fortaleza terminante. Y su figura retórica preferida siempre fue la hipérbole.

En fin, ha llovido mucho desde entonces. Tengo bastante menos pelo y muchas más arrugas. Hace ya demasiados años que no sé de esos rizos y aun así me he acordado de ella esta mañana al despertarme y darme cuenta de que mi manta estaba en el suelo. Y mis pies fríos.

domingo, 21 de octubre de 2012

Impotencia, ansiedad, melancolía, enojo, desconcierto, deseo, intensidad....
Me pasé el día sintiendo los aeropuertos......



Paris Jun'10

domingo, 14 de octubre de 2012

Leones

Voy a quitarte las ganas de salir corriendo a mordiscos, para que te des cuenta de una jodida vez donde te metiste hace ya qué, ¿dos, tres años? Entre lluvias de arrebatos de vientos se me fue el tiempo. Un buen día amanecí en el norte, mucho más al norte de lo que jamás hubiese imaginado. Pero no hacía tanto frío, ¿verdad? En realidad sudábamos ganas, y con eso nos bastó para abrigarnos. Ni siquiera recuerdo muy bien cómo empezó todo, ¿tienes fuego? Y no hizo falta más para que encadenarte a mi somier durante meses. Quizá años, y qué sé yo….
El día que nos echaron de allí aquellos necios te metí en la maleta, junto a todos esos recuerdos que todavía me atormentan por las noches. Y desde entonces solo has querido marcharte, ¿verdad? Que echas de menos el frío, me dices, y cómo quieres que sepa de lo que me hablas si a tu lado mi vida solo fue un maldito infierno y la nieve se fundía a cada paso que dabas. Déjame demostrarte que puedo bajarte la temperatura si me dejas, déjame que te cuente que sigues siendo tú, y que sigo siendo yo… Suspiras, y te dejas hacer. Voy a devolverte los vendavales de invierno y que me importa a mí si todavía es pronto. Contigo no hacen falta calendarios, princesa, y me sobran las primaveras si me rezas.

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Vamos a marcharnos de nuevo, me cuentas, y es que este mundo aun no está preparado para nada de lo que se le viene encima y tú y yo, sinceramente, los que menos. 
Esta vez no pienso llevarme nada más que a ti misma, y la guitarra, tal vez. 
Y ante todo que no nos falten las ganas de escupirnos de vez en cuando, solo por el hecho de fingir que estamos vivos, y a la mierda con todo lo que hemos dejado atrás.
Nos tiramos a la arena sin pensarlo y qué importan los leones si ya no hay miedo. Es sencillo, cuando ya no puedes hacerte más daño, buscas a alguien que te lo haga.

NYC, sept'12





domingo, 9 de septiembre de 2012

Nails for breakfast


Tuvimos cafés, y cocacolas,
y copas de más y zumos de naranja por las mañanas
Tuvimos mil noches y algunos días
Tuvimos Europa, y mi casa, y tu casa,
y nuestra casa
Tuvimos aquí y allí, siempre y nunca
Tuvimos cuentos para no dormir
y colchones a los que atarnos por las mañanas
Tuvimos más lluvia que sol,
y muchos días de verano
Tuvimos tormentas y tempestades
y mares revueltos, desayunos a trozos,
lágrimas firmadas con continuará
Tuvimos ganas, sobretodo ganas
y “no importa mañana será otra día”
Y masticando nostalgia, nos tuvimos nosotros
y en cuanto tuvimos eso, nos sobró todo lo demás

Paciencia. Nos faltó paciencia
Tuvimos peleas, y cartas rasgadas
y manías, y vicios, sobretodo vicios
y portazos de madrugada
Tuvimos pocas ganas de ceder, y cabezonería de la mala
Nos faltaron palabras, se nos enfríaba el café,
nos tragaba la nostalgia
Tuvimos caminos distintos que nos empeñamos en juntar a cualquier precio
y en la primera curva, perdimos el norte
y nos faltaron las ganas de deshacer, y volver a encontrarlo
Tuvimos tanto que nos olvidamos de cuánto nos sobraba todo al principio
y el colchón se nos hizo demasiado grande a los dos
y me largué por la ventana con tu llave en el bolsillo
no fuese a ser que por la mañana esto no fuese más que un día cualquiera
y tu me tuvieses a mí, y yo te siguiese teniendo a ti
Pero perdí el “nos” por el camino a casa
Y qué miedo daba…
Tuvimos todo, y nos lo olvidamos en alguna estación
Y ahora tener…. Ahora tener no tenemos nada

viernes, 7 de septiembre de 2012

A side I much prefer

Amsterdam, Oct'11
Remember cuddles in the kitchen, to get things off the ground
...

domingo, 12 de agosto de 2012

Espinas

Que bien me sentó que te decidieses a dejarte las espinas en casa por una vez. La rabia que da que nunca hubiese podido ser de otra manera, ¿verdad?
Vas a contarme una historia, una de esas que todavía te hacen llorar por las noches. Pero no importa, aún falta un rato para que amanezca y siempre hay espacio para una copa más. Me hablas de heridas y precipicios, de historias de carretera y de tiempos mejores, me hablas de lo mucho que me echas de menos y de tus aventuras entre colchones. Me cuentas las veces que te convertiste en princesa y lo cerca que estuviste de encontrar a ese príncipe que siempre acababa siendo el malo disfrazado, y qué jodidos son los cuentos a veces.
Y yo te hablo de mí y de mi vida desde que decidiste que Madrid se te quedaba pequeño y cambiaste nuestro mundo por uno un poco más el norte que para ti representaba una nueva aventura en el que no había sitio para un nosotros. Y ahí me quedé yo, con un mechero sin piedra, el sombrero de aquel festival en el que juraste que jamás tendría que echarte de menos y un par de cigarros para el camino de vuelta.

Pero regresé, que es lo importante. Y nuestra historia se la conté a todas las princesas que se ofrecían a levantarse la falda a cambio de un par de versos mal rimados que las hiciesen sonreír. Ya me conoces criatura, no sirvo para mucho más, quizás fue eso por lo que me cambiaste por champán francés y una vida en la que según tú los colores brillaban más fuertes. Nunca lo entendí, eso también lo sabes, pero esta vez no has venido a explicármelo como en las millones de cartas que nunca recibí; esta vez has venido a hablarme de ti, y con el tiempo, al final he aprendido a escucharte.
Y te escucho, claro que te escucho. Y tus gemidos de princesa de noche me cuentan lo difícil que te ha sido volver a ser feliz. Cuéntamelo otra vez, déjame recordarte a qué saben los colchones cuando el baile se hace bien, cuando el sudor se entrelaza entre las lágrimas del que tuvo todo y lo abandonó por un sueño que tiñeron de derrota y cicatrices de esas que no cerrarán aunque les lluevan primaveras. No voy a juzgarte criatura, y aunque esta noche me devuelvas esa luna que solo se atreve a asomarse cuando tú te desnudas tampoco voy a volver a dejarte entrar. Lo entiendes, ¿verdad? Pero tranquila, aún no quiero que te marches. Déjame acordarme aún un poco más de por qué debería dejarte marchar otra vez. Como aquella noche de abril en que dejaste mis cajones vacíos y mi alma partida entre la rabia y el quédate un rato más. Déjame que recuerde por qué todavía me sabes tan bien.
Y escápate de nuevo antes de que me atreva a hacerte daño, o peor, escápate de nuevo antes de que me atreva a quitar la llave que te separa a ti y a tu enjambre de abejas de mí y de mis noches de letras. Y lo mucho que me cuesta dejarme el caparazón cuando estás cerca…


No tardará mucho en amanecer


Jordan, Jan '10

sábado, 17 de marzo de 2012

Celesta

Tenerife, Jan '12
Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecas como diminutas patas de ciempiés.
Y nos repartíamos los labios, y los dientes, y el hipo, y del alfabeto, las impares...


...

domingo, 26 de febrero de 2012

cap ou pas cap

Buscarte las cosquillas
irritarte hasta que no sepas si largarte
o quizás aguantar un poco más
¿Tienes miedo?
lo perdiste todo entre mares de niebla
fatigas perdidas, cuentos para no dormir
Aun así volviste y pretendiste maniatar tus ilusiones
al mismo poste que de pequeño dejabas ahogar a la marea,
cada noche.
¿por qué piensas que ha cambiado?
Seguimos siendo dos, sí
pero también entonces me arañabas por las noches
y escupías poesías de resacas olvidadas
que nunca te supieron a suficiente
como para olvidarte de perderte otra vez.
Como para acordarte de buscarme otra vez.

Ven,
te propongo un trato.
Échame al mar con las ratas
o mejor, échame un polvo o dos
y ya verás como al tercero
vuelves a quererme de nuevo

Que funcionamos mejor así,
entre mis nubes de noches sin dormir
y tus amaneceres de humo

Anoche vi una película,

"Pero hay un juego al que jamás hay que jugar. 
He dicho JAMÁS. 
Aunque os lo proponga vuestro mejor amigo. 
Me refiero a dejarse sepultar en un bloque de hormigón"


... ¿capaz o incapaz?

Massachusetts, Decemeber '11


viernes, 13 de enero de 2012

Repulsión

La primera vez solo sintieron repulsión. Como si fueran tan semejantes que se repelieran uno al otro aún a distancia; cada uno con un tipo de esencia que solo deseas mantener lejos, distante.
Y por esa razón al principio no supieron como llamarlo. Empezó como una lucha, un juego de dos mentes despiertas dispuestas a demostrar quién valía más, cuánto eran capaces de soportar. Pero poco a poco el contacto se hizo fuerte, ambas mentes se fusionaron y se sintieron muy dentro con solo mirarse... Fue como un orgasmo mental, como un fuera de sí, un sinsentido, una explosión, una alegría fuera de contexto. Fue el fin de una lucha y el inicio de algo mágico donde la seguridad dio paso al miedo y cambiaron finitud por eternidad, soledad por compañía. Pero las fusiones que nacen de lo prohibido traen problemas y lo que está bien es demasiado diferente de lo que debería ser lo correcto. Entonces lo bueno se vuelve malo y el final está tan cerca que se huele...

Al despertar no queda nada. Y ni su propia razón será capaz de comprender si esa fusión ocurrió realmente. Aun así de vez en cuando sienten nostalgia de algo oculto, de ese algo que saben prohibido pero a lo que no se puede evitar echar de menos. Buscan cariño en frío y lo reciben en forma de rabia creándoles un vacío que llenan con optimismos sin sentido. ¿Qué tontería no? No se puede echar de menos algo que nunca ha ocurrido y a sabiendas que hacer las cosas bien no significa hacer lo correcto, lo correcto siempre resulta más seguro. Y así se pasan los días mientras el recuerdo palidece; qué la vida sigue...


NYC, december 2011


jueves, 12 de enero de 2012

Amsterdam

(...) Se ha hecho tarde. Es eso. Ven, siéntate. ¿Prefieres hablar o follar? Te lo explico, aquí ya no queda nada más que recuerdos. Se nos ha acabado el tiempo. Tú ya no me conoces, yo aún te veo como el mismo. Me ha costado un rato aceptarlo. 
¿Y el miedo? Habrá que ignorarle. Hasta que se calle. Hasta que se límite a aceptar como todos que nada es para siempre y las cosas tienen un final. Y vendrán otras, muchos otras. Y me buscarás en miles de faldas desconocidas hasta que por fin te olvides de encontrarme. Pero pasará, que es lo importante, y aprenderemos a vivir sin necesidad de violarnos a cada segundo; con las reglas más claras, con el reloj más despacio. Y no me pongas esa cara de decepción que esto ya no es un juego corazón, y un día me darás las gracias, como se las cantas a todas. Y por si acaso te quedan dudas te confieso que nunca te quise más allá de un polvo en el salón. Lo demás fue rabia, y no se puede vivir de ella toda la vida.