Si vous n´avez
pas, dès ce jour, le sentiment relatif de votre durée, il est inutile de vous transmettre,
il est inutile de regarder devant vous car devant c´est derrière, la nuit c´est
le jour.
Recuerdo la
primera vez que me lo explicaste
un verano de hace ya demasiados
un verano de hace ya demasiados
y lo poco que lo entendí.
“A mí me parece
precioso”, dijiste.
“Y a mí
también”, contesté.
Y no sé si fue Léo Férre con su poesía
o el estar escondida
en unos arbustos de un país del norte
solo por mirarte a los ojos
pero tengo
que confesar que en aquel momento no entendí nada.
O al menos,
mucho menos de
lo que entiendo ahora.
Es inútil
mirar detrás de tí porque el futuro y el pasado se
confunden;
como el día sucede a la noche
Y que
razón tenías.
Nos
hemos acostumbrado a no pensar tanto,
o al menos,
a pensar mil veces menos de lo
que hacíamos antes.
El futuro ha dejado de ser un destino desconocido
para
convertirse en la siguiente parada de esta red de tren
que nosotros mismos diseñamos.
“Véndame
los ojos”, me pides.
Y confías en que así todavía puedas sentir
como se te
eriza la piel al atravesar la puerta del vagón.
Miedo
al futuro, lo llaman algunos.
Para mí no es sino curiosidad por lo
desconocido,
curiosidad y ganas.
Y esperanza.
Pero
qué ocurre cuando ese destino que soñábamos tan brillante
no resulta ser más que un
cúmulo de desaciertos
que amontonados en una sucesión de instantes demasiado
breve
parece imposible que consigamos tragar.
Qué pasa cuando no existen caballos blancos,
ni tardes de verano.
ni tardes de verano.
Cuando las playas de arena
blanca no son más
que un pedregal de rocas afiladas
que amenazan con despedazar tus sueños
que amenazan con despedazar tus sueños
a cada paso que te atrevas a dar.
Qué pasa entonces con la
curiosidad
y cuán fina puede llegar a ser la línea
que separa la seguridad del miedo.
que separa la seguridad del miedo.
Y a
nosotros con ella.
Es inútil mirar detrás de ti
Pero
más inútil parece no hacerlo cuando llegados a este punto
se nos acumulan las
flores que nunca recibimos,
las cartas que nunca mandamos,
un millón de “lo
sientos”;
uno por cada vez que pudimos sed felices
y decidimos en cambio
continuar
en esta persecución de algo más bueno,
en esta persecución de algo más bueno,
más brillante,
más imposible.
y fuese verdad que el
futuro y el pasado se confunden,
devolviendo a la vida la capacidad de restituir
lo que nosotros mismos le arrebatamos
a base de cabezonería y descaro.
a base de cabezonería y descaro.
“Solo
cinco minutos más. Al menos para confesarlo todo”
Pero
quien soy yo para concederlos
cuando ni yo misma sé si tiene perdón
el habernos
marchado antes de tiempo.
Y qué
fácil es culpar al resto
cuando es a ti a quién no consigues mirar en el
espejo.
Pero
sabiendo que los dados nunca estuvieron de tu parte
solo te queda rezar para que sea
la noche capaz de confundirles a todos.
Y
despertar mañana en la próxima parada
con un nuevo día amaneciendo desde el
otro lado de la estación.
Quitarse la venda y que todo vuelva a ser
como se supone que debería haber sido siempre.
como se supone que debería haber sido siempre.
Y
bienvenida seas curiosidad.
