martes, 9 de septiembre de 2014

Todavía sé llorar de la emoción
y arañarme por dentro cuando no puedo dormir.
Todavía tengo pesadillas con los mismos días negros
que ocurrieron hace ya mucho, demasiado tiempo
Se me repiten las heridas como un café amargo
demasiado temprano
Fallo de dosis de azúcar.
Falta de suavidad.

Me enchufo adrenalina y canciones cada vez que salgo a la calle
y se me hace extremadamente difícil encontrarte
en esta ciudad que jamás te ha conocido.
Intento perderme, pero siempre me encuentra
como un fantasma
como una factura que olvidamos pagarle al tiempo
y cuyos intereses llegan demasiado altos como para afrontar;
tu abandono, digo.

Prefiero bajarme. Seguir andando
Dar la espalda a mi deuda con un Madrid que casi ni recuerdo
Olvidar atardeceres en tejados
Y cubrir con nicotina el resto del tiempo que os queda
por echarme en cara

Hemos vuelto a echar balones fuera y ya no quedan niños para ir a buscarlos
La resistencia a echarte de menos se tambalea
ante un precipicio cargado de recuerdos.
La mayoría nuevos.
Todos sin ti.
Como siempre, pequeños remansos de sosiego
distribuyen la energía suficiente para seguir andando.
Y contribuyen a la careta de felicidad limitada
a momentos puntuales que a pesar del esfuerzo
no consiguen cubrir el vacío que dejaste hace ya cuatro inviernos

Un adiós mal tirado
Más rabia que miedo
Un millón de cartas en el buzón y un solo mensaje:

“Dirección denegada”

Supongo que es ahora cuando miro al suelo y doy las gracias
Callar y otorgar
Mundo sucio.
Mundo sin ti.