Se presentó ante nosotros como un estado de ánimo.
Un punto muerto de
descanso inmerecido
dentro de esta
rutina saturada de acontecimientos impropios
Un estallido en la
burbuja de calma e integridad
que construimos a
base de tesón y paciencia
con la única
intención de dejar al mundo fuera
y a nosotros
dentro.
Fueron tiempos de promesas de seguridad infligida,
dibujadas en los
miedos de otros.
Creadas como si de
esa forma pudiesen protegernos
del miedo propio.
Estallidos de
euforia controlada,
como quien intenta
dominar los vendavales de invierno.
Ciclogénesis
impregnada de fingido encanto
que se esforzaba por rellenar cada
rincón
de esta ciudad contaminada
de esta ciudad contaminada
a base de mentiras
y extorsión.
Asegurabas tragarte toda esta mentira
de colores brillantes y nubes de azúcar
y de alguna forma
me lo creí contigo
Asegurabas tragarte toda esta mentira
de colores brillantes y nubes de azúcar
y de alguna forma
me lo creí contigo
No nos desviemos,
seguimos hablando
de un estado de ánimo.
Como el momento
en el que te das cuenta que has perdido,
y que no importa
cuánto lamentes el resultado,
no servirá de nada
seguir dando patadas al balón.
Como el día que
te dijeron que jamás volverías a verla,
que murió de
sobredosis de tiempo.
Y se le escurrió el corazón por tuberías
de hierro forjado
a base de desilusión.
Permanecimos en el
interior de nuestra burbuja destruida
sintiendo pánico
de salir fuera.
Esperando
pacientemente a que pasasen las agujas
y terminasen por
llevarse el polvo que quedó después de la explosión.
Y quién sabe,
quizás después
pudiésemos volver a coserla,
sin prisa, con
calma.
Como todas las
veces que nos deshicimos en labios
en el sofá del
salón.
Del futuro aquel
que soñamos no queda más que una
página en blanco
de tinta esparcida sin decir nada en concreto.
Me han contado que
te estropeó el tiempo,
y te olvidaste las
espuelas del caballo ganador
en algún lugar de
sus pragmáticas cabezas.
Te contaminaron
con basuras de palabras
que hablaban mucho
y no decían nada.
Y te olvidaste de
cuando los sueños eran gestos
y se te escapaba
la luz de las manos.
Brillaste con luz
propia, ¿sabes?
Y lo perdiste por
una realidad absurda
de la que nos
hemos pasado una vida huyendo,
Y al final te
encontraron
Dicen que el café
cuando se bebe frío sienta peor
Será entonces que
te lo impusiste de castigo
por haberte
olvidado de pelear por lo vuestro
(por lo nuestro)
En el mundo que te
han diseñado no habrá espacio más que para poesía barata,
Y en tu faceta de
cobarde, te olvidarás de brindar por la osadía
y perderás más
boca que fuerza
refugiándote en
minifaldas que no te cuenten nada
parecido a lo que alguna vez te
contó la mía.
Y aunque te sepa a
poco, te conformarás con menos
Y la resignación
se volverá tu mejor compañera
acompañándote en
tus noches de humo
(que no serán pocas)
(que no serán pocas)
Se me ha escapado
el mar entre tus recuerdos
y en este desierto
la arena hiela
y la sensación es
peor que cualquier llama
Te dije que no
saldría de mi metro cuadrado de irrealidad
y tan solo he
venido a confirmarlo.
Puedes guardarte
tus cuadernos de ecuaciones resueltas,
que yo prefiero
conformarme con jeroglíficos
Que no me importa lanzarme cuesta abajo
en esta pendiente de recuerdos y revolcones
en esta pendiente de recuerdos y revolcones
que no me llevan más que una y otra vez más
a la misma piedra
(Y si me lo permites
esta vez, prefiero prescindir del paracaídas)
Cambio y corto.
Mundo sucio.

