lunes, 25 de febrero de 2013

Mundo sucio



Se presentó ante nosotros como un estado de ánimo.
Un punto muerto de descanso inmerecido
dentro de esta rutina saturada de acontecimientos impropios
Un estallido en la burbuja de calma e integridad
que construimos a base de tesón y paciencia
con la única intención de dejar al mundo fuera
y a nosotros dentro.

Fueron tiempos de promesas de seguridad infligida,
dibujadas en los miedos de otros.
Creadas como si de esa forma pudiesen protegernos
del miedo propio.
Estallidos de euforia controlada,
como quien intenta dominar los vendavales de invierno.
Ciclogénesis impregnada de fingido encanto
que se esforzaba por rellenar cada rincón 
de esta ciudad contaminada
a base de mentiras y extorsión.

Asegurabas tragarte toda esta mentira 
de colores brillantes y nubes de azúcar
y de alguna forma
me lo creí contigo

No nos desviemos,
seguimos hablando de un estado de ánimo.
Como el momento en el que te das cuenta que has perdido,
y que no importa cuánto lamentes el resultado,
no servirá de nada seguir dando patadas al balón.
Como el día que te dijeron que jamás volverías a verla,
que murió de sobredosis de tiempo.
Y se le escurrió el corazón por tuberías
de hierro forjado a base de desilusión.

Permanecimos en el interior de nuestra burbuja destruida
sintiendo pánico de salir fuera.
Esperando pacientemente a que pasasen las agujas
y terminasen por llevarse el polvo que quedó después de la explosión.
Y quién sabe,
quizás después pudiésemos volver a coserla,
sin prisa, con calma.
Como todas las veces que nos deshicimos en labios
en el sofá del salón.

Del futuro aquel que soñamos no queda más que una página en blanco
de tinta esparcida sin decir nada en concreto.
Me han contado que te estropeó el tiempo,
y te olvidaste las espuelas del caballo ganador
en algún lugar de sus pragmáticas cabezas.
Te contaminaron con basuras de palabras
que hablaban mucho y no decían nada.
Y te olvidaste de cuando los sueños eran gestos
y se te escapaba la luz de las manos.
Brillaste con luz propia, ¿sabes?
Y lo perdiste por una realidad absurda
de la que nos hemos pasado una vida huyendo,
Y al final te encontraron

Dicen que el café cuando se bebe frío sienta peor
Será entonces que te lo impusiste de castigo
por haberte olvidado de pelear por lo vuestro
(por lo nuestro)

En el mundo que te han diseñado no habrá espacio más que para poesía barata,
Y en tu faceta de cobarde, te olvidarás de brindar por la osadía
y perderás más boca que fuerza
refugiándote en minifaldas que no te cuenten nada
parecido a lo que alguna vez te contó la mía.
Y aunque te sepa a poco, te conformarás con menos
Y la resignación se volverá tu mejor compañera
acompañándote en tus noches de humo
(que no serán pocas)

Se me ha escapado el mar entre tus recuerdos
y en este desierto la arena hiela
y la sensación es peor que cualquier llama

Te dije que no saldría de mi metro cuadrado de irrealidad
y tan solo he venido a confirmarlo.
Puedes guardarte tus cuadernos de ecuaciones resueltas,
que yo prefiero conformarme con jeroglíficos
Que no me importa lanzarme cuesta abajo
en esta pendiente de recuerdos y revolcones
que no me llevan más que una y otra vez más
a la misma piedra
(Y si me lo permites esta vez, prefiero prescindir del paracaídas)

Cambio y corto. Mundo sucio.

domingo, 24 de febrero de 2013

100 reasons to stay


Recuerdo perfectamente
aquel momento de lucidez
dentro de la poca inteligencia que aún conservábamos.
Andaba amaneciendo, y qué se yo,
si aquella noche perdimos la coherencia
entre tu vaso y el mío,
y nos dedicamos a dar patadas al reloj
con tal de evitar que saliese el sol.

Llovía,
lo recuerdo bien.
Pero en tu sonrisa era verano
y eso me bastó para convencerme.
A partir de ahí solo recuerdo un torbellino
de emociones color neón,
como todo lo que tenía que ver contigo.
Y una sensación de finitud desmesurada
que nos hacía exprimir cada segundo
en un intento de grabarnos el presente a fuego,
y después esos segundos de felicidad suprema
en la que olvidamos el significado
de la palabra mediocridad.

Se podría resumir así,
como un tornado de sensaciones opuestas
canalizadas en dosis justas de alegrías 
y fueras de contexto.
Por un lado estabas tú, y tu falta de paciencia
para explicarme las razones por las que el mar enfurecía
si no le concedía todavía un par de letras.
En un instante nos fumamos todas mis complicaciones,
y las tuyas.
Y se apagó el mundo
con la intención de concedernos todavía
un poco más de intimidad.
Solo quedó el ruido de las olas para recordarnos
que existía vida ahí fuera
Pero ya estábamos muy dentro.

No nos costó más de un suspiro entrar en el juego,
y envidiando al cielo,
dejamos de soñar con la tierra. 

domingo, 17 de febrero de 2013

D.R.


Hola criatura,

Está lloviendo en Madrid y eso siempre me recuerda a ti. Seguro que tú también te acuerdas de esos días, sentadas frente al cristal de la misma ventana del tercer piso, construyendo un futuro a medida que acabaría con esa tormenta y con las que estuvieran por llegar. Nos dábamos besos en las rodillas, ¿recuerdas? Una vez te conté que esos eran los únicos capaces de curar las heridas del alma, y te lo creíste tanto que hasta me convenciste a mí. Ya ves, hay cosas que no se le pueden contar a cualquiera.
Me han contado que estás bien, que te enamoraste no una sino millones de veces. Y me río al imaginarte, ¿sabes? No has cambiado nada tía. Tú y tus revoluciones a destiempo que siempre acababas perdiendo cuando te decían las palabras adecuadas. Te envidio, dicen que lo has conseguido. Yo en cambio me salté demasiadas reglas para ni siquiera intentarlo. Aun así, me alegro por ti tanto que creo que jamás encontraría las palabras para definirlo.
Por aquí las cosas han cambiado. Ni siquiera bebo tanto café, y lo he cambiado por uno más malo y más barato. Te enfadarías si me vieras lo sé, pero ya ves, dicen que a todo se acostumbra uno. Tampoco sigo escribiendo a mano, y he guardado aquel cuaderno de tapas marrones en un baúl y bajo llave. Hay cosas que decidí dejar atrás, y quizás tú fuiste una de ellas. Aun así he de reconocer que me siguen emocionando las mismas canciones, y que el olor a libros de tapas viejas me hace feliz. Sigo prefiriendo los gatos a los perros. Y las sudaderas. Y que el pelo me sepa a sal.

Pero bueno, yo sé que todo esto tú ya lo sabes, que piensas en mí de vez en cuando y con eso me basta. En verdad no he venido a recordarte nada de esto. He venido a pedirte perdón. Como tantas otras veces. Yo ya no sé de quién fue la culpa ni cómo permitimos que nos matase la distancia que quise poner de por medio. Tampoco comprendo donde enterramos la ilusión por una revolución conjunta en la que tu poesía se convirtió en un ingrediente principal. ¿Qué nos ha pasado? A veces me pregunto si al perderte por el camino también perdí todas esas promesas que le juramos al Mediterráneo un abril de hace ya demasiado tiempo. Me siento culpable, ¿sabes? Me volví tan egoísta que no supe darme cuenta de que dejaste de escribir cuando no podías dormir. Ni que ya no te bastaba con las mismas trivialidades de antes. Era demasiado pequeña como para darme cuenta de que tu fuerza y vitalidad no iban a quedarse para siempre, que tenían un precio que ambas desconocíamos, supongo.
Menorca, Apr'09



sábado, 16 de febrero de 2013

16/02


Déjame que te cuente
que sigo andando descalza cuando hace frío,
y que en los días de lluvia me cuesta dormir.
Que me sigo peleando por no acabar
con la esquina de la barra del pan,
aunque ya no tenga a nadie con quien discutir.
Déjame que te cuente
que he tomado tradiciones tuyas como mías,
y aunque cueste reconocerlo,
ninguna fecha me ha vuelto a saber igual.
Déjame recordarte
lo bonitas que siguen estando las flores del jardín,
y lo bien que huelen en primavera,
aunque ya no estés tú.
Déjame describirte a qué sabe el Atlántico
y lo difícil que se hace volver a él.
A veces juraría que cada piedra lleva tu nombre
y que sigues presente en el aire salado
que te golpea en la cara al salir del avión.
¿Recuerdas? “Huele a mar”
… Huele a ti.
A todos los paseos que ya nunca damos,
por las rocas del espigón.

….
Podría haberme dado cuenta antes de cuánto pesa el polvo antes de convertirse en humo, cuántas veces lo pintamos en la arena con la intención de que se quedara un par de días más. Más claro, más profundo. Podría haberme dado cuenta antes de cuánto brillo queda cuándo apagas las luces, y quizás entonces me hubiese sido más fácil aprender a recordar; sin dejarse llevar. La firmeza depende del día, o de cómo salga el sol, y con el equipaje termina pasando más o menos igual. Podríamos haber escogido un camino sin piedras, sin arañas, sin nudos que desatar. Pero quizás entonces no habríamos aprendido a sonreír con tanta fuerza ni la cantidad de colores que caben en esta paleta de viento y marea que le arrancamos al tiempo aquella noche. Podríamos haber optado por una autopista sin curvas en la que fuese sencillo pisar el acelerador, y dejar atrás. Y es cierto que no me cabe todo lo que nos han robado por muchos bolsillos que te decidas a coserme, pero también es cierto que jamás te llegaste a marchar. Y con eso, debería ser suficiente.


Felicidades.


Lanzarote'94




martes, 5 de febrero de 2013

Re - comenzar


Todavía te huele a verano si te concentras mucho en ello
y te sabe a nostalgia de arena ardiendo y pies descalzos
Y de repente esa destrucción de realidad equívoca siempre a destiempo
En este parque de atracciones en el que te subiste hace años
y en el que ya no queda espacio para una vuelta más

No paran de repetirlo por todas partes,
“tu vida empieza ahora”
y que puedes contarles si es mentira; empezó hace ya tiempo
en otra realidad paralela y relativa
de espejos que hablaban por si solos
aunque no mostrasen nada más que reflejos
Y era más fácil así, ¿verdad?
Conformarse con el casi, y no buscar tanto el completo
Pero no, con sus ansias de verdad absoluta,
te tuvieron que despertar
y cuánto desearías haber pisado el acelerador a fondo
y que jamás te hubiesen alcanzado
Al menos, no ellos

Se nos escapan las piedras de los zapatos
como si ya nada quisiese hacer daño
más por lástima que por compasión
Y aunque te parezca que no al final,
hay demasiada diferencia

Dicen que las puertas que se cierran, no es bueno volver a abrirlas
Aun así te he visto observando el pestillo con insistencia
como si mirándolo fijamente
fueses capaz de lograr que volviese a abrirse
Que te duele más la impotencia del todavía
que la posibilidad de salir corriendo
Y tu sangre sigue alimentada a base de rencor,
o de miedo. O peor,
de ganas de pedir perdón

No voy a decirte cuantas veces
has de levantarte oliendo a ceniza
antes de que seas capaz de oler el verano de nuevo
Ni tampoco voy a convencerte de cuanto tiempo,
te faltó para convencerla de que se quedará
O de cuantos kilómetros le quedan a esta carretera,
antes de que el contador se pare de nuevo
Pero sí voy a contarte que es mentira,
que la ilusión y la decepción no vayan de la mano
y que a las pesadillas no se curan a base de despertador
No hay nada más peligroso que encontrarse un arma
y no saber disparar con ella
O peor,
no hay nada más peligroso que encontrarse un arma,
y no dejar de dispararse a uno mismo