I.
Tengo
la desgana haciendo cola para comprar los billetes del metro
a falta
de adrenalina para saltar la valla esta vez;
como
cuándo jugábamos al ajedrez en el andén
“El
único de todo Madrid”
y lo
sigue siendo.
No me
queda claro si ha llovido
o
simplemente se nos han acumulado los cubos de lágrimas.
Nostalgia
de cerveza también; ¿verdad?
De
horas muertas.
De soledad como gran compañera para lamernos las heridas.
Una
frase a modo de esquela que sólo diga:
no
necesitas a nadie.
Y qué
se atrevan a contarnos cicatrices,
cuando
nos sobra hierro para seguir ardiendo.
II.
Estábamos
mejor entonces.
Cuándo
todavía no conocíamos el significado de pisar el acelerador
y nos
faltaban cárteles de medias sonrisas
pues la
realidad nos la bebíamos despacio.
Había
tiempo para lo bueno. Y para lo malo.
No he
dejado de preguntarme por qué decidimos salir corriendo.
y aun
así jamás he frenado
III.
Un hogar de silencios sin orden y demasiado desconcierto
dónde
pedir perdón se volvió una osadía
que
ninguno estuvo dispuesto a asumir.
El
orgullo en cambio nos los servían en dosis demasiado altas
para
soportarlo en aire;
y luego
en vena,
no hubo
forma de controlarlo.
Sólo
estábamos jugando a ir de puntillas en un universo de alfileres,
dónde lanzábamos tristezas y miedos a modo de granadas
confiando
en nuestro propio instinto para que jamás terminasen de estallar.
Y el
amor como fuente de energía.
Presente
y a la vez al margen.
De
todo.
IV.
Todo
iba bien.
Y los
malos ratos se equilibraban a base de café y paciencia,
y pequeñas dosis
de ataraxia.
Nos
faltaban venas para tanta libertad,
y poesía.
No había
razones para desembarcar del barco
mientras hubiese marineros a bordo.
mientras hubiese marineros a bordo.
Y en
cada puerto rescatábamos nombres nuevos
que nos ayudaban a olvidar a los náufragos
Tu
droga ayudaba a no recordar demasiado
y la
mía permitía vivir del cuento
Joder,
todo iba bien
V.
Siempre
acaba uno creyéndose sus propias mentiras
pero a
las mías siempre les faltaron consistencia.
Quizás
por eso me he subido siempre a los aviones demasiado rápido.
Quizás
por eso dejé de escribir antes de despegar.
Las
últimas excusas te las regalé en forma de tercios sin pagar
y a la
mierda con todas las explicaciones
Si me
ves llorar,
es
porque se me metió la velocidad en los ojos
VI
¿sabes
qué?
Quizá
no sea tanto por las mentiras que me dices
si no
por las verdades que te callas.
Pero hoy
volvería a subirme a algún tejado contigo
para
lanzarle cáscaras de pipas al amanecer.
He
tardado más noches que días en atreverme a pedirte perdón
y no se
si aquí se aplica el más vale tarde que nunca.
Pero yo
siempre he sido de reglas.
Y tú
siempre has sido la excepción de las mías