martes, 21 de octubre de 2014

I.

Tengo la desgana haciendo cola para comprar los billetes del metro
a falta de adrenalina para saltar la valla esta vez;
como cuándo jugábamos al ajedrez en el andén
“El único de todo Madrid”
y lo sigue siendo.

No me queda claro si ha llovido
o simplemente se nos han acumulado los cubos de lágrimas.
Nostalgia de cerveza también; ¿verdad?
De horas muertas.
De soledad como gran compañera para lamernos las heridas.

Una frase a modo de esquela que sólo diga:
no necesitas a nadie.

Y qué se atrevan a contarnos cicatrices,
cuando nos sobra hierro para seguir ardiendo.

II.

Estábamos mejor entonces.
Cuándo todavía no conocíamos el significado de pisar el acelerador
y nos faltaban cárteles de medias sonrisas
pues la realidad nos la bebíamos despacio.
Había tiempo para lo bueno. Y para lo malo.

No he dejado de preguntarme por qué decidimos salir corriendo.
y aun así jamás he frenado

III.

Un hogar de silencios sin orden y demasiado desconcierto
dónde pedir perdón se volvió una osadía
que ninguno estuvo dispuesto a asumir.
El orgullo en cambio nos los servían en dosis demasiado altas
para soportarlo en aire;
y luego en vena,
no hubo forma de controlarlo.

Sólo estábamos jugando a ir de puntillas en un universo de alfileres,
dónde lanzábamos tristezas y miedos a modo de granadas
confiando en nuestro propio instinto para que jamás terminasen de estallar.
Y el amor como fuente de energía.
Presente y a la vez al margen.
De todo.

IV.

Todo iba bien.

Y los malos ratos se equilibraban a base de café y paciencia,
y pequeñas dosis de ataraxia.
Nos faltaban venas para tanta libertad,
y poesía.
No había razones para desembarcar del barco 
mientras hubiese marineros a bordo.
Y en cada puerto rescatábamos nombres nuevos 
que nos ayudaban a olvidar a los náufragos

Tu droga ayudaba a no recordar demasiado
y la mía permitía vivir del cuento

Joder, todo iba bien

V.

Siempre acaba uno creyéndose sus propias mentiras
pero a las mías siempre les faltaron consistencia.
Quizás por eso me he subido siempre a los aviones demasiado rápido.
Quizás por eso dejé de escribir antes de despegar.

Las últimas excusas te las regalé en forma de tercios sin pagar
y a la mierda con todas las explicaciones

Si me ves llorar,
es porque se me metió la velocidad en los ojos

VI

¿sabes qué?
Quizá no sea tanto por las mentiras que me dices
si no por las verdades que te callas.
Pero hoy volvería a subirme a algún tejado contigo
para lanzarle cáscaras de pipas al amanecer.

He tardado más noches que días en atreverme a pedirte perdón
y no se si aquí se aplica el más vale tarde que nunca.

Pero yo siempre he sido de reglas.
Y tú siempre has sido la excepción de las mías






1 comentario: