domingo, 7 de junio de 2015

This is my final fit, my final bellyache

i.

¿Cuántos delitos cometerías si pudieras olvidarlos después?
No será la primera ni la última vez que hemos tentado a la suerte.
Tensar la cuerda todavía un poco más,
como si en algún momento de esta historia
nos hubiesen regalado una varita mágica
para poder borrar todo
y fingir que nunca llegó a pasar nada.

La normalidad es algo que nos creímos a base de nombrarla.
Y escupíamos a cualquier tipo de rutina
que pudiese arruinar nuestra independencia,
nuestras ansias de libertad.
Vivíamos en un mundo ilusorio de esperanzas ficticias 
y nos alimentábamos a base de sed de uno mismo.
De ganas de más.

Ha llovido mucho. Da miedo reconocerlo.
Como empezaron las cosas
a miles de kilómetros de esta ciudad
y como hemos llegado a tenernos así. 
En frente uno del otro.
Mirándonos a la cara y no viendo más que basura y podredumbre.
Heridas malcerradas a base de sal y falta de besos.
Lágrimas secas. Resaca de corazón.

Parece lógico.
Ponernos el carnet de abandono,
echar la llave y mandarnos un par de versos escritos
más por prisa que por necesidad
“Llego tarde, cuídate.
Fue un placer haberte encontrado,
pero siempre he sido más de luz que de penumbra,
y contigo se me apagaron las estrellas”

No hay nada que pueda añadir
al listado de excusas desnumeradas
con las que he construido este desorden.
Welcome homele digo a las dudas cada noche.
Y las abrazo como si el frío estuviera de mi lado:
perdida y por goleada.

ii.

Como cuando alguien te sonríe mientras se cuelga el cartel de
“estoy bien, solo he cerrado por vacaciones”.
Así me miras ahora, con más pena que rabia.
Pena por no haber sabido encontrar
la manera de sacarnos a flote sin necesidad de sabotearnos por el camino.
Por ser más yo que tú mismo
y recurrir a la autodestrucción antes que al remordimiento.
Pero sobre todo,
por haberte olvidado a ti mismo y por lo tanto, 
haberte olvidado de mí.

Jugaste a ser dios y solo acabaste dándote cabezazos sobre tu caja de brujas
en la que todos tus secretos parecen haberse acumulado.
Ahora te observan de frente. Pidiendo explicaciones.
Como si también tus demonios te echasen en cara
haber sido capaz de llegar tan lejos esta vez
y de perder lo único que importaba.

Que difícil es a veces dar un paso atrás
y atreverse a reconocer errores.
Siempre he pensado que el perdón es algo más recibido,
que merecido.

iii.

Creo que a veces acorazamos de miedos las paredes de nuestro refugio
Y en ese proceso de inmolación infinita nos olvidamos de mirar fuera
concentrándonos demasiado en purgar lo de dentro. 
Hasta que al final, 
quedamos a reducirnos a lo único inabarcable: nada.
Y es en ese momento cuando olvidamos
que la luz no venía de fuera, sino de dentro,
y que repartiendo culpas no conseguiremos que vuelva.

No sé, yo también me he asustado.

iv.

Las decisiones se pueden tomar en base a tantos factores
como excusas quieras contarte a ti mismo.
Esta vez no estoy del todo segura de si hay algo diferente en ti
o es más bien un cambio que has provocado en mí.
Aun así, me basta un recuerdo de tu risa
para que vuelva la luz que hemos apagado
a base de ostias contra el interruptor.

Voy a aferrarme a ello.
Al recuerdo de un futuro mejor.
A la memoria de un sentimiento de fuerza en clave de dos
capaz de traspasar fronteras y vencer al mundo
dejando a sus circunstancias en segundo lugar.
Sabiendo que ya habíamos ganado
y lo diferente que se ve la vida cuando uno aprende que al final
importa más la compañía más que el destino
la experiencia que el resultado final.

Dicen que las ruinas son todo eso
que ya no se puede destruir.
Y aquí queda demasiada destrucción todavía.
Formas de hacernos daño. 
O mejor. Formas de lamer heridas.

Vamos a enfocarnos en lo último esta vez.
En recoger pedazos, enterrar a los muertos.
Bandera blanca de angustia dando paso a un mar en calma.
Ocaso de tormentas.
Crepúsculo de desazón.

Hoy hace un año que empezó esta carrera
y a pesar del remordimiento y la rabia acumulada,
me siguen sobrando atardeceres
por los que volvería a repetirlo todo una vez más.

v.

He abierto los ojos y te he buscado a tientas por la habitación.

Y antes de a ti la he encontrado a ella,
a la ataraxia.
Y casi he llorado al abrazarla.
Después te he visto sonreír.
Aún dormías.

Sí, me sobran las razones.


Momo beach
Bohol, Philippines