jueves, 24 de septiembre de 2015

Tide pulls from the moon


Hay días que amanecen grises,
como cuando vivíamos mucho más al norte
y solo oíamos la lluvia al otro lado de la habitación,
sin atrevernos a abrir las cortinas,
en un intento de parar el tiempo debajo del edredón.

Hay días con amaneceres fríos
de cielos despejados y trazos de aviones
que nos recuerdan que hace tiempo
que ya no vivimos en ellos

Hay días en los que amanece y ya es otoño
y de repente lo notas,
el paso del tiempo,
y se siente como un manto pesado
que nos ha caído casi sin avisar.
Dónde se han ido los rayos del sol
que invitaban a apurar todavía un poco;
cómo si pudiésemos dibujar días eternos
y noches que nunca terminaban de llegar

Anoche bailábamos canciones de otros tiempos
y entre música de ayer
se nos entremezclaban los pasos del todavía.
Desaparecer es un estado factible
si uno se limita a dejar el cuerpo en tierra
y lanzar la mente al vuelo,
o eso dicen.

[Y allí, dónde la materia no existe
y no somos más que aire parezco encontrarme,
a mí y a todas las cosas que han vivido conmigo.
Y luego la rabia,
de volver a tierra y comprender,
que todo eso ya se ha ido,
y que está demasiado arriba
como para querer recuperarlo,
que se ha convertido en algo demasiado inerte,
como para buscar revivirlo,
que el tiempo perdido,
no siempre se puede recuperar]

Claro que también hay días de luz.
Y de fuerza.
Y me basta el recuerdo de tu risa
para recordar los objetivos
que le juramos cumplir al Atlántico,
a base de esfuerzo y paciencia;
como si pudiésemos dibujar el destino
a base de piedras de sal.
Y aunque falte el autor
parece que aún quedan medios para terminar su obra.

Vuelve, 
no soy tan fuerte.
Te echo de menos

No hay derrota más humillante
que la batalla perdida contra el paso del tiempo

Y luego tu recuerdo palidece
jugándole malas pasadas a mi memoria.
Y me agarro a la última bala
con la esperanza de que me saque lejos de aquí
sin más objetivo que aprender a olvidar,
y sobrevivir.

Pero siempre acabas lanzándome destellos de luz
que me recuerdan a los días de verano
y me hacen creer que aunque suene imposible,
todavía podemos

Evitar la noche,
digo.