Cerrar años se parece a cerrar noches
de esas que te mandan a casa antes de tiempo.
En las que siempre quedan ganas de más
o fuerzas de menos.
Despedirse de lo viejo es algo que me enseñaste hace mucho tiempo.
Aprender a echar la llave y sacar el valor de mirar al frente.
Con el tiempo aprendimos que a veces valía más la pena dejarse empapar
hasta que la lluvia borrase cualquier rastro
tanto de lo bueno, como de lo malo.
Mirar al frente nunca resultaba fácil si uno se centraba en echar de menos
y la nostalgia no es bienvenida en casa del que quiere prender fuego al
pasado.
Y al futuro.
Algo ha cambiado esta vez.
Y no nos basta con esconder la mierda debajo de la alfombra,
cerrar las cortinas y vestirnos ese disfraz de sonrisa perfecta
que deja al mundo fuera, y a nosotros dentro.
Esta vez no vendré a contarte como fue el conformismo
el que acabó espantándome de una vida a medias
resumida en caladas demasiado rápidas;
sentados en el mismo banco de cada invierno.
Muertos de frío. Pero sin el valor de encender un fuego.
Lo sé. No suena lógico.
Dijimos que saldríamos corriendo siempre que pudiésemos
y les culpábamos a ellos.
Cogeríamos mil trenes a cualquier destino y los pagaríamos a base de rabia,
reencontrándonos cada año, puntuales,
solo para recordarnos las razones para seguir corriendo.
Anhelando en secreto que el otro hubiese logrado ese nirvana
inventado a base de cerveza y hierba
como un intento de buscar lejos lo
que jamás se encontró aquí.
Nunca ocurrió.
Y cada invierno sumaba más razones para dejar de vernos.
Como si estuviésemos destinados a un fracaso escrito
en un sino imperturbable del que ni tú ni yo formábamos parte.
Victimas del éxito de otros.
Un mal menor al que había que acostumbrarse.
Pequeños casualties que el mundo no se molestó en solucionar.
Podríamos haberle echado gasolina a esta desidia que nos fue impuesta.
Meternos las manos en los bolsillos y dejar que llorasen los demás.
Olvidar.
Pero en cambio, nos encantaba rebozarnos en nostalgia
Pero en cambio, nos encantaba rebozarnos en nostalgia
de lo que pudo ser y nunca ocurrió.
Del futuro que inventamos y que nos olvidó por el camino.
Hacernos daño a base de recuerdos idealizados.
De sueños incumplidos.
“Lavarse la cara con realidad”, solías llamarlo.
Para mí siempre fue masoquismo.
Cerrar años a base de falta de.
Y nunca de ganas de más.
Se me nublan los inviernos que llevamos haciendo lo mismo.
“Lavarse la cara con realidad”, solías llamarlo.
Para mí siempre fue masoquismo.
Cerrar años a base de falta de.
Y nunca de ganas de más.
Se me nublan los inviernos que llevamos haciendo lo mismo.
Creando pozos sin fondo mezclados con cielos azules,
fuentes de risa con dosis de tristeza en vena,
mentiras con demasiadas ganas de quitarse el disfraz.
Y así tantas veces que perdí la culpa a base de lágrimas tuyas que limpiaban mi alma.
Y así tantas veces que perdí la culpa a base de lágrimas tuyas que limpiaban mi alma.
De realidad.
Así que ven, siéntate.
Déjame explicarte porque esta vez es diferente.
Déjame que te cuente por qué ha llegado el momento
Así que ven, siéntate.
Déjame explicarte porque esta vez es diferente.
Déjame que te cuente por qué ha llegado el momento
de apretar los puños, y esperar el golpe.
Demostrarte que tras el impacto
no hay solo tinieblas, sino también
luz.
Déjame relatarte por qué a veces hay que atreverse a jugar
aun sabiendo que las fichas no siempre estuvieron de nuestro lado.
Que no voy a disfrazarlo todo esta vez
Que no voy a disfrazarlo todo esta vez
y a salir corriendo cuando todos duerman.
Esta vez voy a quedarme, a esperar el golpe.
Esta vez voy a quedarme, a esperar el golpe.
A tragar saliva y a verlas a venir.
A provocar un mal mayor que merezca la pena limpiar.
y a reírme de todos los que se atrevan a llamarnos cobardes.
Seamos honestos, ¿vale? Pero de verdad.
A provocar un mal mayor que merezca la pena limpiar.
y a reírme de todos los que se atrevan a llamarnos cobardes.
Seamos honestos, ¿vale? Pero de verdad.
Nos hemos pasado la vida llorando la falta de cariño
y escupiendo a todo aquel que quisiese acercarse.
Rodeándonos de una fortaleza invisible
que nos protegiese del mal y nos cagase de miedo.
Le echas al mundo en cara su falta de coraje
cuando hemos crecido alimentados a base de cobardía.
Pues bien,
existen momentos en los que merece la pena cargárselo todo.
Destruir las paredes y dejar entrar.
Al oxígeno.
Aunque duela al hinchar los pulmones.
Aunque cueste volver a respirar.
Dicen que hay veces que basta un pestañeo
Al oxígeno.
Aunque duela al hinchar los pulmones.
Aunque cueste volver a respirar.
Dicen que hay veces que basta un pestañeo
para que aparezca alguien y cambie tus fechas de caducidad.
Para que bañe todo de cosquillas y te cambie la rabia por el sosiego,
las lágrimas por canciones
y lo más importante: que siga ahí cuando dejes de pestañear.
Para que bañe todo de cosquillas y te cambie la rabia por el sosiego,
las lágrimas por canciones
y lo más importante: que siga ahí cuando dejes de pestañear.
Quizás haya sido eso,
un parón, un cambio de sentido.
Una chispa de conexión con un mundo un poco más fácil
si no te sueltan la mano.
No voy a contarte que todo se haya vuelto multicolor
un parón, un cambio de sentido.
Una chispa de conexión con un mundo un poco más fácil
si no te sueltan la mano.
No voy a contarte que todo se haya vuelto multicolor
ni que la mierda se haya evaporado así, por arte de magia.
Y es que el futuro sigue dando el mismo miedo que cada año,
pero esta vez,
de otra manera.
Una pequeña revolución en base a propósitos de año nuevo
Y es que el futuro sigue dando el mismo miedo que cada año,
pero esta vez,
de otra manera.
Una pequeña revolución en base a propósitos de año nuevo
que vienen cargados de ganas de nada
pero de fuerzas de todo.