domingo, 19 de diciembre de 2010

Para ti, Papá.


Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo,
Por favor no te entristezcas ni derrames lágrimas,
Ni te abraces a tu pena a través de los años.
Por el contrario, empieza de nuevo con valentía
Y con una sonrisa por mi memoria.
Y en mi nombre vive tu vida,
Y haz todas las cosas igual que antes.
No alimentes tu soledad con días vacíos
Sino llena cada hora de manera útil.
Extiende tu mano para confortar y dar ánimo
Y en cambio yo te reconfortaré
Y te tendré cerca de mí.
¡Y nunca, nunca tengas miedo de morir
porque estaré esperándote en el cielo!

...

Hace ya un mes que pasó todo aquello y aún todavía no he conseguido terminar de creérmelo. Cuando volví a Inglaterra una amiga me regaló esta oración de San Agustín. Me prometió que me ayudaría a dormir por las noches y la verdad no andaba mal encaminada.
No sé como resumir con palabras lo que este mes ha significado para mí. Un mal sueño, una pesadilla. La gente no paraba de repetir que debía despedirme pero, ¿y si aún no estaba preparada?
Cómo despedir a una persona que ha llenado tu vida desde el primer momento. A alguien que te ha dado todo desde el primer día en que te vio. Como despedir a un guía, a un consejero, a un modelo a seguir al fin y al cabo. De qué manera es uno capaz de darse cuenta que ya no habrá más desayunos, ni más comidas, ni más cenas, que ya no estará ahí cuando le necesites o al menos no de la misma manera. Como conseguir dejar atrás cada mirada, cada gesto, cada consejo. Cómo conseguir decir adiós…
No ha sido fácil y para nada digo que lo haya conseguido. Creo que todo esto llevará mucho tiempo pero aún así poco a poco puedo empezar a entenderlo.
Como bien sabéis todos los que estáis aquí él hacía ya mucho que no estaba bien y aún así nos recibía cada día  con la mejor de las sonrisas. ¿Acaso no sería demasiado egoísta pedirle todavía más? 
Me hizo lo que soy, y me enseñó mucho más de lo que jamás nadie podrá enseñarme nunca. Y solamente con eso debería de bastar…
Quién lo hubiera dicho, ¿verdad? Un indio loco que llegó a España sin nada y empezó una supuesta carrera dando clases en los bajos de una iglesia. Todavía se me hace difícil imaginarme la cara de mis abuelos cuando mi madre les dio la noticia de que era a él a quien había elegido para pasar el resto de su vida. ¿Un extranjero que le doblaba la edad? Si os sois sinceros, si hubiera sido mi caso él mismo me hubiese echado de casa.
Y aun así ya veis, no salió tan mal. Veintiséis años más tarde aquí seguía, al pie del cañón, y con una mujer y tres hijas bajo su responsabilidad.
He de reconocer que no siempre fue fácil pero cuándo lo es. Si algo era mi padre era cabezota a más no poder, y eso siempre me costó más de una pelea. Cuántas veces me fui a mi habitación dando un portazo, cuántas veces juré no volverle a hablar hasta que no me dejase hacer ese viaje o ir a esa fiesta… Y cuánto me arrepiento ahora.
No he conocido persona más perseverante en mi vida ni tampoco a nadie con las ideas tan claras. Aun ahora me sigue sorprendiendo lo cuidadoso que fue con cada detalle y lo mucho que tenía preparado para nosotras. “El futuro”, era lo que más le importaba, el futuro de la familia, las oportunidades que la vida nos brindaba.
Quizás sea un poco tarde pero ahora es cuando más cuenta me doy de la razón que tenía y de lo preparada que estoy ahora para enfrentarme a todo lo que tenga que venir. Con sus cabezonerías y sus normas que en algún momento sentí absurdas me puso el mundo en bandeja y creo que jamás encontraré las palabras para agradecérselo.
Pero al fin y al cabo para eso estamos hoy aquí, ¿no? Para poder decirle todo lo que nunca pudimos así que en fin, ahí va:


Gracias Papá. De todo corazón.
Gracias por llevarme en tus hombros, por tus historias de tigres y leones, por hacerme soñar.
Gracias por descubrirme Tenerife, Canarias. Sabes que siempre fue nuestro rincón secreto y que lo será hasta el final. Gracias por todos los ratos que ahí vivimos, por descubrirme el Atlántico y porque gracias a ti, amo tanto el mar.
Gracias por ayudarme a crecer, por todas las rosas que traías en primavera, por los bombones de Navidad.
Gracias porque pasaron los años y seguiste a mi lado y perdóname por todas las veces que no te lo supe agradecer... Sé que no debí ser la mejor de las adolescentes así que de nuevo, gracias por tu paciencia y también por tu comprensión.
Quiero agradecerte cada detalle, cada oración, cada paseo en el que nunca encontrabas final. Gracias por obligarme a estudiar y a conseguir llegar siempre a destacar. Si no hubiera sido por ti, quién sabe donde estaría ahora…
Quiero que sepas que todo va a seguir igual, ¿de acuerdo?  Que solo puede mejorar. No voy a decepcionarte, ni yo ni ninguna de nosotras. Seguiremos aquí, tan unidas como siempre y cuidaremos de mamá, y de Pelusa, y del gato también por supuesto.
Fuiste una gran persona y espero de alguna manera haber heredado algo de tu coraje y de tu valor para conseguir algún día llegar a parecerme a ti al menos en algún aspecto.
Solo me queda desearte buen viaje papá, nos veremos pronto,
Cuídate mucho allá donde estés y sabes que siempre estaremos aquí echándote de menos.
Te quiero.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Secretos Omitidos

"(...)Definirse así le daba la sensación de estar muerta. Como si ese mundo ya no le perteneciera y mucho menos contara con ella para un futuro y es que, ¿cómo iba a ser de otra manera? Si para ella ahora "cariño" significa besarse las rodillas como fuerza para levantarse cada mañana..."


Febrero, 2008.


________
Y aun así todavía consigo que a ratos me siga sabiendo a Mediterráneo.
Que me haces mucha falta aquí arriba...




Menorca





martes, 26 de octubre de 2010

Caduco

Pero como todo lo que se apellidaba con un nosotros esta vez tampoco pudo ser normal. Y así pretendiste haber dejado de sentir o quizás te olvidaste de aprender a perdonar… O a pedir perdón. Siempre nos faltó tiempo y nos sobraron palabras. Y la verdad se la gritabas al viento una y otra vez. Tarde. Siempre tarde. Subido en aquel tejado en el que fingías que fumar no era malo, y en el que quedarse dormido y amanecer congelado se había vuelto una costumbre a la que pusiste mi nombre.
Yo no quería esto. De verdad que nunca lo quise. Y como nunca me atreví a llamarte te escribí a diario, cada uno de los días que pasábamos separados. Luego llegaban los reencuentros y con solo mirarme ya estaba todo dicho… Y se nos iban las horas, los minutos, los segundos. Y me comías a besos y me ahogabas en noches infinitas. Tú me mataste, ¿lo sabes? Me mataste de alegría efímera, de felicidad caduca. Y en mis cartas escondía millones de lágrimas que nunca te dije, millones de “lo siento” que nunca me atreví a pronunciar… Quizás esa fuera la razón por la que jamás las abriste. Y a día de hoy siguen escondidas en el mismo cajón que cerraste con llave y fingiste perder. No lo habrías superado, claro que no. Y te sigues convenciendo a ti mismo de que abandonarme siempre fue la mejor opción.

Te confieso que nunca confié en tus despedidas y que todavía cada lunes sigo esperando a que toques mi puerta y me cuentes que todo ha sido un error. Ha llovido mucho desde entonces, lo sé. Pero a ratos todavía siento tu perfume entre mis sábanas, y te aseguro que nunca nadie volvió a tocarme como lo hacías tú…
En los días de lluvia aún ahora me da por buscarte. Y vuelvo a aquel parque a sentarme en el mismo banco que tantas veces nos escuchó discutir  y tantas otras me obligó a echarte de menos. Y me da por llorar, ¿sabes? Me da por regalarte cada lágrima que siempre fue tuya. Que se mezcla con lluvia. Que me sabe a tu sal… Ya no me queda tiempo para salir a buscarte; tú en cambio siempre sabrás donde encontrarme.

viernes, 8 de octubre de 2010

Nowhere

Hola mi vida,

Te escribo con un millón de años de retraso, lo sé y lo siento. Pero entiende que no estaba preparada. Que aún no era capaz de dejar de echarte de menos. En realidad no lo he hecho, ¿sabes? No lo he hecho ni un solo segundo. Y aún los viernes espero verte aparecer por la ventana con una invitación a cerveza en los labios y los ojos brillantes de aquel que avista una buena noche. Nunca volviste. Quizás debería empezar a acostumbrarme.

Desde aquella tarde cambié mucho. He hecho sufrir a demasiadas personas que me quieren y eso no sé si podré perdonármelo algún día pero qué sé yo… Si eras para mí más que un mundo entero. Mis ganas de vivir. Mi alegría de saber que mañana existirá otro día.
Aun así lo he hecho por ti y sé que estarías orgulloso. Ahora ya es casi primavera y he vuelto a nadar casi a diario. También he vuelto a clase, ellos dicen que eso es bueno, y estoy casi segura de que esta vez me irá mejor que la anterior. Sigo riéndome con cualquier serie tonta y todavía lloro con las pelis de niños. Pero me he centrado mi amor, he conseguido encontrar un equilibrio… O eso es lo que me dicen los hombres de blanco.

El jardín está precioso. Ya me dejan salir a pasear y si me concentro consigo que me llegué la brisa del mar. No está muy lejos, ¿sabes? Lo veo de lejos a través de la ventana de mi habitación. Espero poder volver a sentirlo algún día. ¿Recuerdas lo mucho que nos gustaba? Pero tengo miedo cariño, tengo miedo de que me lleve a mí también y no encontrarte en el nuevo mundo al que has viajado… ¿No lo permitirías verdad? Eso es lo que les digo yo a ellos. Aun así no me creen y me aseguran que es peligroso. Daría lo que fuera porque pudieses explicarles lo equivocados que están.

Ojalá pudieses decirme que estás bien mi vida. Ahora que he vuelto a coger el boli prometo escribirte como mínimo cada semana, ¿vale? Como en los tiempos en que siempre andabas de un lado para otro y los domingos siempre llegaban postales de los lugares más insólitos del mundo.
Ahora me toca a mí. Quién sabe, quizás algún día tenga respuesta.
Y espero que seas tan feliz como puedas, o incluso más a ser posible. Yo voy a estar bien. Te lo prometo. Porque de una manera u otra tú siempre estarás conmigo y eso no hay nadie que me lo pueda quitar. Nunca.






miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vértigo


Lo nuestro siempre pareció más una pesadilla que un bonito sueño. Nos encargábamos a diario de disfrazarlo de mentiras que no dejasen ver más allá de un falso desinterés por el otro. Me querías demasiado y por eso procurabas olvidarte de mí. Lo nuestro nunca fueron más de cuatro besos. Lo nuestro se repetía siempre a oscuras con promesas de “Nunca más”. Lo nuestro era sal en las heridas, lágrimas a escondidas, despedidas que nunca me dejabas firmar con continuará.  Y tus idas y venidas se acostumbraron a llenar mi calendario,  y el odio llenaba mis días, y me esforcé más de una vez en cerrarte la puerta y jurar no encontrar la llave jamás…

Pero qué podía yo hacer si te me colabas por las rendijas. Y cada reencuentro me dejaba siempre con ganas de más. Me quitabas el sueño, me invadías el alma. Me llenabas de ira, me moría por ti.
Así aprendí a tenerte solo a medias. A vivir dos vidas separadas y a quererte solamente a media luz. Y soñaba con dejar de verte y anhelaba poder olvidarte; o al menos eso fue lo que me juré siempre antes de dormir. Pero una y otra vez acababas volviendo, y yo fingía sorprenderme de encontrarte. Y mi reloj lo marcaban tus besos, y mi colchón nunca dejó de tener ganas de ti.

Un buen día te cansaste de correr siempre en dirección opuesta y el final me lo bebí de golpe; tan rápido como todo lo demás. Me desperté una mañana en una estación contigo ya muy lejos, mi reloj desactivado, el corazón vacío y a ti en una última nota firmada con un "cuídate de más".

...

Pero hay errores de infinitas consecuencias y finales que no se pueden esquivar.
Madrid nunca me lo ha perdonado.

domingo, 19 de septiembre de 2010

La poesía eres tú


“Vamos, no se queden ahí. Tómense su tiempo. No empiecen con poemas de amor; son los más difíciles, esperen a tener 80 años. Escriban sobre otras cosas: el mar, el viento, un radiador. Un tranvía. No hay una cosa más poética que otra. La poesía está dentro de uno.
Mírate al espejo: La poesía eres tú.
Adornen sus poemas. Elijan las palabras con cuidado. A veces se tarda 8 meses en elegir una palabra. La belleza comenzó cuando la gente empezó a elegir.
Enamórense. Si no se enamoran todo está muerto. Enamórense y todo cobrará vida. Despilfarren su alegría, disipen su júbilo. Callen o entristezcan con entusiasmo. Arrojen su felicidad hacia otro.
Para transmitir la felicidad, deben ser felices. Para transmitir el dolor, deben ser felices. ¡¡Sean felices, deben sufrir!! No tengan miedo de sufrir. Todo el mundo sufre. Si no tienen los medios, no se preocupen. Necesitan una sola cosa para escribir poesía: TODO.
No intenten ser modernos, es muy anticuado. Si no se les ocurre nada sentados, pónganse así, o así. ¡Cuerpo a tierra! Acostados verán el cielo. ¡Qué belleza! ¿Por qué no lo hice antes? ¿Qué miran? Los poetas no miran; ellos ven.
Que las palabras les obedezcan. Si la palabra “muro” no obedece, no vuelvan a usarla en 8 años. Así aprenderá.
¿Qué? No sé, ni idea. Eso es belleza pura. Esas líneas en el pizarrón que quiero que se queden ahí para siempre. Pero bueno, borren todo, empecemos. Terminó la lección.
Adiós, nos vemos el miércoles... ¡el jueves! Adiós.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La nostalgia es un arma.

París
Luego están ellos. Los recuerdos. Y parece que pasado el tiempo solo quedan los buenos. No me dejan ponerte fin, ¿sabes? Todavía tienen demasiadas preguntas que hablan de “Y si…”. Pero ya no es tiempo para eso verdad, y lo supiste en el momento en el que decidiste dejar que tus ojos se apagarán y que la razón a veces tiene que poner en orden al corazón. Y ahí me quedé yo, con un pie en mi nuevo mundo y otro peleándose contigo por recuperar su hueco. Todos nos cansamos con los años. Hemos crecido, ya no se puede seguir pecando de ingenuidad. Y aun así sigo intentando definir lo que quizás nunca fue más que una ilusión de mi cabeza que entre tinta y papel teñí en clave de dos… O quizá no. Quizá sí que estábamos destinados pero el futuro nos vino muy grande a ambos. Qué se yo, ya es demasiado tarde para averiguarlo. Y ahora entre paredes de madurez encierro todo aquello por lo que hace tiempo juré pelear contra el mismísimo infierno y me consuelo con saber que no siempre se gana, y que a veces es mejor dejarlo ir.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Días Rojos









Viajar, soñar, reír, llorar. Calcular, perder pero también ganar. Conseguir, lograr, llegar allí donde jamás pensaste que llegarías… Caer pero también levantar. Sobrevivir. Prosperar. Retroceder y rectificar. Tener razón, darte cuenta de que no sabes nada. LUCHAR. Esperar. Esperar. Esperar…


Amar hasta el límite; odiar brevemente. El amanecer, el anochecer. Las cosas pequeñas. El mundo en su inmensidad. Madrid, Bombay, PARIS, pero un poco de Italia también siempre en el corazón. Lágrimas, pero también sonrisas. Los buenos recuerdos, el verano, el calor. LA AMISTAD.  Las caras nuevas y los de toda la vida. El darlo todo y que te den TODO a cambio. El no esperar nada y aun así disfrutar. Las sorpresas, los regalos, las cartas antiguas. Viajar en tren. Los saludos y las despedidas que siempre saben a continuará. Los aeropuertos, las grandes ciudades. Las islas, LA ISLA… El Atlántico. Las promesas del Mediterráneo. El océano entero y que el pelo te sepa siempre a sal.

Los errores. Las equivocaciones. Las huidas, y los regresos al mismo punto de partida. Perdonar y aprender a olvidar. Asumir. Superar. Crecer. Evolucionar.

Oasis, The killers, pero también un poco de Iván. Extremo, y al rato música para saltar, saltar y saltar. El No tomorrow y los Backstreet Boys. La cerveza, las noches, las noches, el ron… ELLAS. Ser pitiyonki hasta que me muera. Más ellas. Vivir a deshora. Que lo bueno se haga esperar. Y de nuevo ellas…


Y ellos. MJ, MJ y MJ. Inglaterra. Las ilusiones. Las decepciones. El insomnio. Los días sin parar de sonreír. Las fechas de caducidad. El sol. La lluvia. Los besos en las rodillas. Los planes. Los días. Y que no no no tomorrow… Stay black. Carpe diem. LA VIDA.

… mi vida.