Hola mi vida,
Te escribo con un millón de años de retraso, lo sé y lo siento. Pero entiende que no estaba preparada. Que aún no era capaz de dejar de echarte de menos. En realidad no lo he hecho, ¿sabes? No lo he hecho ni un solo segundo. Y aún los viernes espero verte aparecer por la ventana con una invitación a cerveza en los labios y los ojos brillantes de aquel que avista una buena noche. Nunca volviste. Quizás debería empezar a acostumbrarme.
Desde aquella tarde cambié mucho. He hecho sufrir a demasiadas personas que me quieren y eso no sé si podré perdonármelo algún día pero qué sé yo… Si eras para mí más que un mundo entero. Mis ganas de vivir. Mi alegría de saber que mañana existirá otro día.
Aun así lo he hecho por ti y sé que estarías orgulloso. Ahora ya es casi primavera y he vuelto a nadar casi a diario. También he vuelto a clase, ellos dicen que eso es bueno, y estoy casi segura de que esta vez me irá mejor que la anterior. Sigo riéndome con cualquier serie tonta y todavía lloro con las pelis de niños. Pero me he centrado mi amor, he conseguido encontrar un equilibrio… O eso es lo que me dicen los hombres de blanco.
El jardín está precioso. Ya me dejan salir a pasear y si me concentro consigo que me llegué la brisa del mar. No está muy lejos, ¿sabes? Lo veo de lejos a través de la ventana de mi habitación. Espero poder volver a sentirlo algún día. ¿Recuerdas lo mucho que nos gustaba? Pero tengo miedo cariño, tengo miedo de que me lleve a mí también y no encontrarte en el nuevo mundo al que has viajado… ¿No lo permitirías verdad? Eso es lo que les digo yo a ellos. Aun así no me creen y me aseguran que es peligroso. Daría lo que fuera porque pudieses explicarles lo equivocados que están.
Ojalá pudieses decirme que estás bien mi vida. Ahora que he vuelto a coger el boli prometo escribirte como mínimo cada semana, ¿vale? Como en los tiempos en que siempre andabas de un lado para otro y los domingos siempre llegaban postales de los lugares más insólitos del mundo.
Ahora me toca a mí. Quién sabe, quizás algún día tenga respuesta.
Y espero que seas tan feliz como puedas, o incluso más a ser posible. Yo voy a estar bien. Te lo prometo. Porque de una manera u otra tú siempre estarás conmigo y eso no hay nadie que me lo pueda quitar. Nunca.
Te escribo con un millón de años de retraso, lo sé y lo siento. Pero entiende que no estaba preparada. Que aún no era capaz de dejar de echarte de menos. En realidad no lo he hecho, ¿sabes? No lo he hecho ni un solo segundo. Y aún los viernes espero verte aparecer por la ventana con una invitación a cerveza en los labios y los ojos brillantes de aquel que avista una buena noche. Nunca volviste. Quizás debería empezar a acostumbrarme.
Desde aquella tarde cambié mucho. He hecho sufrir a demasiadas personas que me quieren y eso no sé si podré perdonármelo algún día pero qué sé yo… Si eras para mí más que un mundo entero. Mis ganas de vivir. Mi alegría de saber que mañana existirá otro día.
Aun así lo he hecho por ti y sé que estarías orgulloso. Ahora ya es casi primavera y he vuelto a nadar casi a diario. También he vuelto a clase, ellos dicen que eso es bueno, y estoy casi segura de que esta vez me irá mejor que la anterior. Sigo riéndome con cualquier serie tonta y todavía lloro con las pelis de niños. Pero me he centrado mi amor, he conseguido encontrar un equilibrio… O eso es lo que me dicen los hombres de blanco.
El jardín está precioso. Ya me dejan salir a pasear y si me concentro consigo que me llegué la brisa del mar. No está muy lejos, ¿sabes? Lo veo de lejos a través de la ventana de mi habitación. Espero poder volver a sentirlo algún día. ¿Recuerdas lo mucho que nos gustaba? Pero tengo miedo cariño, tengo miedo de que me lleve a mí también y no encontrarte en el nuevo mundo al que has viajado… ¿No lo permitirías verdad? Eso es lo que les digo yo a ellos. Aun así no me creen y me aseguran que es peligroso. Daría lo que fuera porque pudieses explicarles lo equivocados que están.
Ojalá pudieses decirme que estás bien mi vida. Ahora que he vuelto a coger el boli prometo escribirte como mínimo cada semana, ¿vale? Como en los tiempos en que siempre andabas de un lado para otro y los domingos siempre llegaban postales de los lugares más insólitos del mundo.
Ahora me toca a mí. Quién sabe, quizás algún día tenga respuesta.
Y espero que seas tan feliz como puedas, o incluso más a ser posible. Yo voy a estar bien. Te lo prometo. Porque de una manera u otra tú siempre estarás conmigo y eso no hay nadie que me lo pueda quitar. Nunca.
más vale tarde que nunca
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