domingo, 28 de enero de 2018

Fast forward

Hemos vuelto a saltarnos la introducción.
Parece que ya no queda tiempo para ese tipo de historias.
Aprendimos a vivir los momentos en fast forward
no fuese a ser que por querer hacer las cosas bien
acabásemos por perdernos instantes,
de esos que acumulan likes en cualquier red social.
Que valía más la pena lanzarse al vacío y disparar,
que beberse el café a sorbitos.
Los detalles están sobrevalorados.
You Only Live Once, y mil mierdas más.
Lo cierto es que al final,
termino midiendo el tiempo en listados
de todo aquello que pude hacer y no hice;
en todo aquello que debí hacer y no pude,
en todo aquello que quise hacer...
y hubiese estado bien volverse a pensar.

El coste de oportunidad se me atraganta tanto
como las mariposas que nunca dejé volar esta noche.
Dime, ¿cuál es la definición de correcto?
Me lo intentaron explicar una vez,
en un lugar donde el mar siempre supo más salado:
“mide tu vida en faltas de aliento”;
y me agarré a aquella frase como a un clavo ardiendo.
No nos dimos cuenta de que
con tanta insistencia por perder el aire,
nunca nos acordamos de aprender a respirar.

La línea del bien y el mal es tan difusa a veces
que nos guía el egoísmo como único faro al otro lado del mar. 
Las olas de remordimiento llegan más ligeras esta noche.
Como si ellas también nos perdonasen, ¿verdad? 
Como si en vez de a asfixiarnos
viniesen a acariciarnos los pies 
y a demostrarnos que aún nos quedan mil pasos, si. 
Y mil errores más.

Dime.
Por cuánto venderías tus errores esta noche.
Por cuanto estarías dispuesto a cerrar los ojos
y pedir sólo eso. 15 minutos más.
Cuánto se pierde, cuánto se gana.
Cuánto somos capaces de olvidar sin mirar atrás.

[Llevábamos tanto tiempo evitando las mariposas
que se nos había olvidado el color que tienen.]

Confundí estrellas fugaces con semáforos en ámbar 
y llegados a este cruce ya no se, 
en que punto me olvidé de pisar el freno
o cuánto aire me queda dentro todavía,
para poder acelerar.