Hemos vuelto a
saltarnos la introducción.
Parece que ya no
queda tiempo para ese tipo de historias.
Aprendimos a
vivir los momentos en fast forward
no fuese a ser
que por querer hacer las cosas bien
acabásemos por
perdernos instantes,
de esos que
acumulan likes en cualquier red
social.
Que valía más la
pena lanzarse al vacío y disparar,
que beberse el
café a sorbitos.
Los detalles están sobrevalorados.
You Only Live Once, y mil mierdas más.
Lo cierto es que
al final,
termino midiendo
el tiempo en listados
de todo aquello
que pude hacer y no hice;
en todo aquello
que debí hacer y no pude,
en todo aquello
que quise hacer...
y hubiese estado
bien volverse a pensar.
El coste de oportunidad
se me atraganta tanto
como las
mariposas que nunca dejé volar esta noche.
Dime, ¿cuál es la definición de correcto?
Dime, ¿cuál es la definición de correcto?
Me lo intentaron explicar una vez,
en un lugar donde
el mar siempre supo más salado:
“mide tu vida en
faltas de aliento”;
y me agarré a
aquella frase como a un clavo ardiendo.
No nos dimos
cuenta de que
con tanta
insistencia por perder el aire,
nunca nos
acordamos de aprender a respirar.
La línea del bien
y el mal es tan difusa a veces
que nos guía el
egoísmo como único faro al otro lado del mar.
Las olas de
remordimiento llegan más ligeras esta noche.
Como si ellas
también nos perdonasen, ¿verdad?
Como si en vez de
a asfixiarnos
viniesen a
acariciarnos los pies
y a demostrarnos
que aún nos quedan mil pasos, si.
Y mil errores
más.
Dime.
Por cuánto
venderías tus errores esta noche.
Por cuanto
estarías dispuesto a cerrar los ojos
y pedir sólo eso.
15 minutos más.
Cuánto se pierde,
cuánto se gana.
Cuánto somos
capaces de olvidar sin mirar atrás.
[Llevábamos tanto
tiempo evitando las mariposas
que se nos había
olvidado el color que tienen.]
Confundí
estrellas fugaces con semáforos en ámbar
y llegados a este
cruce ya no se,
en que punto me
olvidé de pisar el freno
o cuánto aire me
queda dentro todavía,
para poder
acelerar.
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