miércoles, 15 de septiembre de 2010

La nostalgia es un arma.

París
Luego están ellos. Los recuerdos. Y parece que pasado el tiempo solo quedan los buenos. No me dejan ponerte fin, ¿sabes? Todavía tienen demasiadas preguntas que hablan de “Y si…”. Pero ya no es tiempo para eso verdad, y lo supiste en el momento en el que decidiste dejar que tus ojos se apagarán y que la razón a veces tiene que poner en orden al corazón. Y ahí me quedé yo, con un pie en mi nuevo mundo y otro peleándose contigo por recuperar su hueco. Todos nos cansamos con los años. Hemos crecido, ya no se puede seguir pecando de ingenuidad. Y aun así sigo intentando definir lo que quizás nunca fue más que una ilusión de mi cabeza que entre tinta y papel teñí en clave de dos… O quizá no. Quizá sí que estábamos destinados pero el futuro nos vino muy grande a ambos. Qué se yo, ya es demasiado tarde para averiguarlo. Y ahora entre paredes de madurez encierro todo aquello por lo que hace tiempo juré pelear contra el mismísimo infierno y me consuelo con saber que no siempre se gana, y que a veces es mejor dejarlo ir.

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