domingo, 29 de junio de 2014

gravity always wins

Avísame si te rompes por dentro.

Cuando te quedes sin razones para una última cerveza
y no seas más que un absurdo sinónimo de la palabra fragilidad.
Como una flor en invierno.
Como el cristal con el cortábamos
el tiempo que nos quedaba para hacernos daño
sin dar ni una maldita oportunidad al viento
de recordarnos las razones para retroceder.
Frenar un poco.
Cambiar el rumbo.

¿Dónde acaba un beso?
Parece que han saltado todas las alarmas
como un intento de gritarle al mundo
que ya no existe fuerza capaz de mantener dentro
lo que sólo es feliz estando fuera.

Pero a quien pretendes engañar
si te sigues deshaciendo en arena de lluvia.
Como aquel otoño en el que le chillamos al mar
que ya no teníamos miedo,
que estaríamos preparados para hacerle frente y no a una,
sino a cientos de nieblas.
Que no habría bozal en el mundo capaz de callar
lo irremediablemente correcto.
Porque así fue durante mucho tiempo,
perfecto

Ha llegado el momento de volver a casa.
De hacer un parón en esta carrera contrarreloj
que nos hemos repartido a partes demasiado desiguales,
como para volver a encontrarnos en ninguna fase.

Dicen que toda felicidad tiene su precio
y aquí los estamos pagando todos a base de todo,
menos de falta de escrúpulos.
Que ya no importa de dónde viene el consuelo mientras llegue;
como bocanadas de aire para aquel que se ahoga
con su propio miedo.

Está empezando a llover y parece que la ciudad lo agradece
así que haremos lo mismo: Empaparlo todo.
Hasta borrar las huellas.
Olvidar que alguna vez existió hasta que estemos preparados
para mirarnos a los ojos de nuevo.
(Y recuerda siempre que en el mismo suelo, si te mueves,
yo también me muevo.)

Procuremos dejar una ventana siempre abierta
para que entre el aire.
Para recordarnos que las estaciones pasan y
que el tiempo siempre tuvo un factor de erosión;
y no solo golpea por fuera,
sino también por dentro

Y que se los cuenten a todos los acantilados que nos vieron trepar un día
y ahora no son más que prolongaciones de superficies lisas
que resbalan más y más abajo.
Hasta perdernos de vista.


Sé dónde acaba un beso.

miércoles, 25 de junio de 2014

Recuerda cuando las cosas eran raras y bonitas, 

y daban miedo y daban risa de tan por estrenar que parecían.

Y no podíamos esperar a que empezaran a pasar

y era tan sólo cuestión de tiempo que nos desbordaran los acontecimientos.


No van a contarte nada que no te hayas dicho mil veces antes
y por eso es mejor no preguntar.
Matar con miradas lo que las letras ya no son capaz de contarnos
y bebernos la culpa. 
Detrás de este cristal insonorizado 
que nos mantiene a ti en un lado,
y a mí en el otro

Si se esfuerzan te hablarán del pasado;
de cuántas veces cayó el cielo y de cuántas otras
volvió a amanecer de nuevo.
Del suma y sigue y de las tardes de cerveza y cartas
como manera de matar el tiempo,
y las ideas.
y las ganas de salir corriendo

No entenderán que esta vez no se ha muerto el presente
ni se ha caído un pilar del pasado casi perfecto
que nos encargamos de pintar de ilusión para que cada caída doliese menos.
Esta vez se nos ha derrumbado el futuro,
y con él todas las razones para no acabar ahogándonos
en este océano de mentiras y farsas
que tratamos de esquivar subidos al buque más bonito
que jamás imaginaste.
Pero con los mismos agujeros que todos los demás.

Quizás hasta te parezca ingenuo
el haberte aferrado a un clavo ardiendo durante tanto tiempo
esperando que cada día quemase menos
pero sabiendo que cada segundo la llaga se hacía más profunda
y hay cicatrices que no se pueden curar.

Solo queda esperar a que se enfríe 
para que podamos levantarnos (levantarte)
de nuevo. Para poder sentarnos a esperar que el mar se calme
y encontremos la manera de volver a lanzarnos a él.
(o al menos eso me cuentan los mil ojos que me observan en sueños.
Esperando que les devuelva la mirada.
O no)

Tengo ojeras de viento 
y una férrea sed de querer lo que nunca tuve 
mientras duermo pensando en lo que una vez sí.
Mil razones para volver a casa a añadirte a mi lista de fantasmas
que no me dejan dormir.
Se han reunido todos a contarse las razones 
por las que atormentar a mis sueños
y escondidos quedan todos los cuchillos
de cuando te tenía a mi lado luchando conmigo
(por mí)


voy a aguantar todavía un poquito más antes de tirar por la ventana
todas las metáforas que se me ocurren
de cuando todavía creía en la ataraxia como meta final.

y cerrada queda la puerta hasta nueva orden.
Me encargue de esconder la llave entre tus maletas,
por si algún día decides que ya es suficiente
y decides volver a por mí.
A por ti.


Rome, April'14