Avísame si te rompes
por dentro.
Cuando te quedes sin
razones para una última cerveza
y no seas más que un
absurdo sinónimo de la palabra fragilidad.
Como una flor en
invierno.
Como el cristal con
el cortábamos
el tiempo que nos
quedaba para hacernos daño
sin dar ni una
maldita oportunidad al viento
de recordarnos las
razones para retroceder.
Frenar un poco.
Cambiar el rumbo.
¿Dónde acaba un
beso?
Parece que han
saltado todas las alarmas
como un intento de
gritarle al mundo
que ya no existe
fuerza capaz de mantener dentro
lo que sólo es feliz
estando fuera.
Pero a quien
pretendes engañar
si te sigues
deshaciendo en arena de lluvia.
Como aquel otoño en el que le chillamos al mar
que ya no teníamos
miedo,
que estaríamos
preparados para hacerle frente y no a una,
sino a cientos de
nieblas.
Que no habría bozal
en el mundo capaz de callar
lo irremediablemente
correcto.
Porque así fue
durante mucho tiempo,
perfecto
Ha llegado el
momento de volver a casa.
De hacer un parón en
esta carrera contrarreloj
que nos hemos
repartido a partes demasiado desiguales,
como para volver a
encontrarnos en ninguna fase.
Dicen que toda
felicidad tiene su precio
y aquí los estamos
pagando todos a base de todo,
menos de falta de escrúpulos.
Que ya no importa de
dónde viene el consuelo mientras llegue;
como bocanadas de aire
para aquel que se ahoga
con su propio miedo.
Está empezando a
llover y parece que la ciudad lo agradece
así que haremos lo
mismo: Empaparlo todo.
Hasta borrar las
huellas.
Olvidar que alguna
vez existió hasta que estemos preparados
para mirarnos a los
ojos de nuevo.
(Y recuerda siempre
que en el mismo suelo, si te mueves,
yo también me muevo.)
Procuremos dejar una
ventana siempre abierta
para que entre el
aire.
Para recordarnos que
las estaciones pasan y
que el tiempo
siempre tuvo un factor de erosión;
y no solo golpea por
fuera,
sino también por
dentro
Y que se los cuenten
a todos los acantilados que nos vieron trepar un día
y ahora no son más
que prolongaciones de superficies lisas
que resbalan más y
más abajo.
Hasta perdernos de
vista.
Sé dónde acaba un beso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario