Los prejuicios de
siglos pasados
se nos acumulan en
la cerveza esta noche.
Y el miedo. A que no
sea suficiente.
A que no haya
bastado con recorrer el mundo entero
si al final al
volver nada ha cambiado
y los mismos recuerdos
sigan colgando de la pared.
Fast forward. Mil
inviernos.
Y sólo el polvo
parece haberlo notado.
Esta es la realidad
que siempre estuvo esperando, te cuentan
Y por qué se ha vuelto
tan complicado el regreso (si tú no estás)
[…]
Me hablas de
tristeza. De dolor de alma.
Y yo te digo que no
hay nada peor
que el tenerlo todo
y no desear nada
Que el vivir en
noche cerrada y haberse olvidado
de lo que significa
ver amanecer.
Y luego los
disfraces, que nos permiten seguir viviendo.
Y que absurdo nos resultan
todos con sus trajes relucientes
y sus copas medio
llenas
La nuestra en
cambio; siempre medio vacía
Siempre a la espera
de ese puto amanecer que parece que llega a todos
Pero no aquí
Pobre médico aquel
que quiera curarnos con pastillas legales
nuestra tristeza de
contrabando,
pobre doctor y su
razón, que todo lo cura,
que quiera
aliviarnos, lo que ya nada alivia
Falta de luz. Niebla
de juicio.
Y un millón de
razones para seguir corriendo
hacia algún lugar un
poco menos gris
(y así llevamos dando
vueltas,
desde que te conocí.)
Que alguien dispare
sólo por intentar que se mueva el aire,
pero que no vengan a
intentar limpiar el olor a podredumbre
Deja que cale esta
vez. Hasta tu última mísera célula
Que sólo así podrás
entender, me cuentas
Que sólo así podré
comprender. Respondo.
Se nos acaba el
tiempo otra vez y tiempo es lo único que nos prometieron.
Nos toca enfrentarse
al dragón y saber que solo hay un resultado:
1-0
(Pues bien,
Conmigo. Por favor.
No contra mí.)
No quería que fuese así.
Pero hay tantas cosas que nunca salen como
querríamos.
Tantas personas.
Que tampoco.