martes, 16 de febrero de 2016

message in a bottle

La nostalgia también es preciosa, a veces.
Aunque no me saque a bailar esta noche,
ni me ayude a dibujarte de madrugada.

Nos hemos esforzado tanto en dejarnos atrás
que a veces ya no me acuerdo de lo que era tenernos.
Pasa con todo, o eso dicen.
Con las decisiones mal digeridas,
con las visitas que no salen bien,
con las discusiones sin origen y sin final.
Y con las personas,
sobre todo con las personas.

Vivimos enfrascados en una persecución sin precedentes:
“Todos contra los recuerdos”
Huyamos de aquello que pueda recordarnos
que alguna vez hubo algo bueno en esta historia.
Enterremos memorias,
abandonemos lugares,
cojamos aviones sin preocuparnos por el destino que anuncia el billete

Todo para llegar a la puerta de llegadas y darse cuenta
de que ella está allí. Esperándonos.
Con un cartel bien grande que reza:

“A dónde quieras, pero conmigo”

Y es ahí dónde nos hemos encontrado esta noche,
jugando a no buscarnos en la oscuridad,
entre un millón de recuerdos que hablaban de tiempos
en los que todavía había cuentos para hacernos soñar.

Y los hemos enumerado. A todos.
A todos los que se han ido porque se los han llevado.
Y a todos los que se han ido sin más.

Y les hemos escrito un mensaje. A cada uno.
Recordándoles todos esos recuerdos que enfrascamos alguna vez
en mil botellas de cristal.
Y cerrando los ojos hemos deseado que algún día
encuentren la orilla de sus nuevas vidas,
Para que también les roce a ellos, la nostalgia
Y que no la sientan como una enemiga sino que la acaricien.
Despacio.

Como un gato que viene a arañarnos,
y a jugar con nosotros
Como las cicatrices que surgían de jugar a ser valientes,
y no de quemarnos.
Como una señal del pasado
que nos acompañará en el futuro.

La nostalgia también es preciosa, a veces.
Aunque no lleve carmín en los labios
Y casi siempre vista de negro.
Aunque no se lave la cara antes de irse a dormir.

También es preciosa.


A veces.