Quería dedicarte
unas líneas
pero esta vez de
las mías,
y así buscar la
mejor forma de definirlo.
Cómo un relámpago,
un estallido de luz
en la tormenta perfecta
que nos atrae hacia
su luz con más miedo que ganas,
pero que cegados
momentáneamente
no podemos sino
resguardarnos en su belleza de claridad
como si no
quisiésemos ver lo que pasa después.
Luego ese horrible
silencio,
y al final el trueno.
Un relámpago sería
la mejor manera de explicarlo;
un estallido de luz
en forma de torbellino de emociones
que explosione como una de descarga eléctrica dentro de este mar de escombros.
Este mar en el que pelearse por pisar en firme
se ha convertido en la peor de las apuestas;
un combate entre el hombre y el vacío,
y ese no saber dónde encontrar el equilibrio.
que explosione como una de descarga eléctrica dentro de este mar de escombros.
Este mar en el que pelearse por pisar en firme
se ha convertido en la peor de las apuestas;
un combate entre el hombre y el vacío,
y ese no saber dónde encontrar el equilibrio.
Que no importa cuán sólidos creáramos nuestros puentes,
nos sobraban las razones para saber
que acabarían derrumbándose.
Y de qué sirve
desafíar a la gravedad
cuando uno ya sabe que una y otra vez ésta acaba ganando.
cuando uno ya sabe que una y otra vez ésta acaba ganando.
Empezaba a
convertirse más sencillo buscar a tientas el próximo paso,
y no construir,
solo conseguir.
y no construir,
solo conseguir.
Pues bien,
en esa lucha de supervivencia humana
que algunos se atreven a llamar camino
no había espacio para dos.
en esa lucha de supervivencia humana
que algunos se atreven a llamar camino
no había espacio para dos.
Nunca lo hubo.
Y la independencia
remplazaba a la soledad
como un intento de autoengaño para dormir mejor por las noches.
como un intento de autoengaño para dormir mejor por las noches.
Cualquier atisbo
de divergencia no era más que una ilusión de la mente,
volviéndose más
acertado alejarse de ella que buscar soluciones.
Cariño en frío,
y quiénes somos nosotros para juzgarlo.
y quiénes somos nosotros para juzgarlo.
Una vez se asumen los
principios básicos
el resto deja de ser tan complicado.
el resto deja de ser tan complicado.
Y con el tiempo
aprendes que esta vez escogiste la opción correcta
y suplantas verdad con conveniencia,
y suplantas verdad con conveniencia,
simpatía por placer,
ilusión por
resistencia.
En un terreno de
juego con estas reglas los peones dejan de tener valor
y las coronas de las reinas se subastan ante la ley del más fuerte.
No hay espacio para
la duda ni el arrepentimiento
ni mucho menos para
la compasión.
Aquí los relámpagos tienen sus días contados
y cuando relucen en
el cielo uno aprende a sentarse pacientemente,
y esperar el
trueno.
En un terreno de juego como éste
aprendimos que vale
más arma en mano que ciento volando,
y los disparos retumbaban en nuestros oídos,
recordándonos que
a pesar de estar rodeados,
seguíamos teniendo que
dormir solos.
Quizás por eso no
supimos como interpretarlo en un primer momento
y en vez de
buscarle nombre,
nos sumimos en un estado de desconcierto
en el que intentamos abarcar toda la luz en un simple abrazo
nos sumimos en un estado de desconcierto
en el que intentamos abarcar toda la luz en un simple abrazo
y exprimir el
tiempo,
como si nos fuese la vida en ello.
como si nos fuese la vida en ello.
Quizás nos habían
educado tan bien a sentarnos y esperar
que hacía falta más que un único signo de rebeldía
para dejar las armas y perseguir el cielo;
para dejar las armas y perseguir el cielo;
y no temer a las consecuencias del trueno.
Pero pasaron los días y perduró el silencio
llenándolo todo de
una paz infinita
muy contraria al miedo que existió hasta entonces.
muy contraria al miedo que existió hasta entonces.
Dejando paso a un
estado de ataraxia perpetua
en el que las ilusiones volvían poco a poco coger forma,
en el que las ilusiones volvían poco a poco coger forma,
y aún difusas, evocaban un futuro brillante
que en lo más oscuro de lo imposible
se nos iba dibujando como tangible.
que en lo más oscuro de lo imposible
se nos iba dibujando como tangible.
Y de pronto el
estallido;
y en un instante nos sentimos
rodeados
de pequeñas moléculas de electricidad resplandecientes
de pequeñas moléculas de electricidad resplandecientes
como si de un millón
de burbujas de cristal se tratase.
Y nos envolvieron en una carrera
infinita por volar
más rápido.
más rápido.
Más alto.
Por miedo el impacto cerraste los ojos,
y apretabas con fuerza los labios.
Y al abrirlos nos encontramos el mundo entero,
