sábado, 16 de febrero de 2013

16/02


Déjame que te cuente
que sigo andando descalza cuando hace frío,
y que en los días de lluvia me cuesta dormir.
Que me sigo peleando por no acabar
con la esquina de la barra del pan,
aunque ya no tenga a nadie con quien discutir.
Déjame que te cuente
que he tomado tradiciones tuyas como mías,
y aunque cueste reconocerlo,
ninguna fecha me ha vuelto a saber igual.
Déjame recordarte
lo bonitas que siguen estando las flores del jardín,
y lo bien que huelen en primavera,
aunque ya no estés tú.
Déjame describirte a qué sabe el Atlántico
y lo difícil que se hace volver a él.
A veces juraría que cada piedra lleva tu nombre
y que sigues presente en el aire salado
que te golpea en la cara al salir del avión.
¿Recuerdas? “Huele a mar”
… Huele a ti.
A todos los paseos que ya nunca damos,
por las rocas del espigón.

….
Podría haberme dado cuenta antes de cuánto pesa el polvo antes de convertirse en humo, cuántas veces lo pintamos en la arena con la intención de que se quedara un par de días más. Más claro, más profundo. Podría haberme dado cuenta antes de cuánto brillo queda cuándo apagas las luces, y quizás entonces me hubiese sido más fácil aprender a recordar; sin dejarse llevar. La firmeza depende del día, o de cómo salga el sol, y con el equipaje termina pasando más o menos igual. Podríamos haber escogido un camino sin piedras, sin arañas, sin nudos que desatar. Pero quizás entonces no habríamos aprendido a sonreír con tanta fuerza ni la cantidad de colores que caben en esta paleta de viento y marea que le arrancamos al tiempo aquella noche. Podríamos haber optado por una autopista sin curvas en la que fuese sencillo pisar el acelerador, y dejar atrás. Y es cierto que no me cabe todo lo que nos han robado por muchos bolsillos que te decidas a coserme, pero también es cierto que jamás te llegaste a marchar. Y con eso, debería ser suficiente.


Felicidades.


Lanzarote'94




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