miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tentación


Tan irremediablemente imposible como era haberte encontrado en aquel rincón de Madrid, donde sólo los gatos se restriegan a esas horas. No sé muy bien si fue tu sonrisa o esa forma que tenías de morderte el labio después de soltar algún tipo de reticencia lo que terminó de convencerme. No te conocía de nada, pero me moría de ganas de saberlo todo. Representabas ese pequeño equilibrio entre demencia desmesurada y seguridad determinante. Un bicho raro, de esos de los que ya se ven pocos por aquí. Pero quizás lo que más me llamó la atención fueron tus ojos oscuros; había tanta pena en ellos que transmitían unas ganas infinitas de abrazarte a pesar del disfraz de dama de noche que llevabas pintado en la cara. Representabas tu papel a la perfección pero qué quieres que te diga criatura, siempre fui bueno en eso de leer entre líneas.
Apuré el último trago con tu boca tan cerca que he de reconocer que si no hubiese sido por la gente que aún quedaba en el bar te hubiese arrancado la ropa a mordiscos ahí mismo. Y el hueco que se te formaba al reírte en el lado derecho de la clavícula se me antojó de repente como mi lugar favorito en la tierra.
Del camino a casa me acuerdo de poco, quizás porque mi concentración ya había pasado a otros objetivos y tus ojos se me habían clavado como dos cuchillas de las cuales ya no tenía forma de librarme. Al llegar me confesaste que no tenías la menor intención de quedarte a dormir pero que me dejarías dibujarte hasta que amaneciese. Y no hizo falta nada más.
“Van a ser las primeras líneas de muchas”, dijiste. Y sonreías a la vez que te quitabas la ropa y mientras tanto a mí, sentado en el sofá, se me escapaba la paciencia entre los botones del pantalón.


París, Jun'10



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