domingo, 14 de octubre de 2012

Leones

Voy a quitarte las ganas de salir corriendo a mordiscos, para que te des cuenta de una jodida vez donde te metiste hace ya qué, ¿dos, tres años? Entre lluvias de arrebatos de vientos se me fue el tiempo. Un buen día amanecí en el norte, mucho más al norte de lo que jamás hubiese imaginado. Pero no hacía tanto frío, ¿verdad? En realidad sudábamos ganas, y con eso nos bastó para abrigarnos. Ni siquiera recuerdo muy bien cómo empezó todo, ¿tienes fuego? Y no hizo falta más para que encadenarte a mi somier durante meses. Quizá años, y qué sé yo….
El día que nos echaron de allí aquellos necios te metí en la maleta, junto a todos esos recuerdos que todavía me atormentan por las noches. Y desde entonces solo has querido marcharte, ¿verdad? Que echas de menos el frío, me dices, y cómo quieres que sepa de lo que me hablas si a tu lado mi vida solo fue un maldito infierno y la nieve se fundía a cada paso que dabas. Déjame demostrarte que puedo bajarte la temperatura si me dejas, déjame que te cuente que sigues siendo tú, y que sigo siendo yo… Suspiras, y te dejas hacer. Voy a devolverte los vendavales de invierno y que me importa a mí si todavía es pronto. Contigo no hacen falta calendarios, princesa, y me sobran las primaveras si me rezas.

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Vamos a marcharnos de nuevo, me cuentas, y es que este mundo aun no está preparado para nada de lo que se le viene encima y tú y yo, sinceramente, los que menos. 
Esta vez no pienso llevarme nada más que a ti misma, y la guitarra, tal vez. 
Y ante todo que no nos falten las ganas de escupirnos de vez en cuando, solo por el hecho de fingir que estamos vivos, y a la mierda con todo lo que hemos dejado atrás.
Nos tiramos a la arena sin pensarlo y qué importan los leones si ya no hay miedo. Es sencillo, cuando ya no puedes hacerte más daño, buscas a alguien que te lo haga.

NYC, sept'12





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