Siempre fue peor sentir vergüenza, claro
Siempre estuvo mejor esconder la mano,
que nadie pudiese acusarnos de jugar y fallar.
Y fingir durante el tiempo que considerases
necesario
o incluso más
Hace tiempo se escaparon los ratones
por todos los agujeros que encontraron en tu jardín.
Me daría miedo, ¿sabes?
Que ni ellos quisiesen compartir tu odio contigo.
por miedo a quemarse, quizás,
por miedo en que tu delirio
de cantautor de versos mal escritos
te diese por tirarles piedras a ellos también.
Ni siquiera ellos merecieron que los perdonases.
Y menos lo hice yo.
Se te están acabando los colores
en este mundo oscuro que te has decidido a pintar.
No quedará nadie el día que cierres la puerta del
todo,
y ni las sombras vengan a hacerte compañía.
Quizás hubiese sido mejor no intentarlo
y hacer como el escultor cuando se queda sin piedra.
Esculpirte a ti mismo.
A base de años de no hacer nada por impedirlo.
Quizás tenías razón y sería mejor haberla espantado
a tiempo.
A la tristeza, digo.
Por el hecho de olvidarte de seguir viviendo.
Y continuar con una vida a medias que supiese a
menos,
que pesase menos.
Dicen que los gatos se acercan a las espinas
solo por la ironía de pincharse por placer.
Quizás en eso consistía, ¿sabes?
En tirar del hilo hasta que no quedaban ya más nudos
por hacer
Y ahora me lo repites desde tu rincón de persianas
blindadas
Como si solo bastara con cerrar los ojos
para dejar de vernos
Que nos repartimos las palabras demasiado pronto
Y la falta de paciencia acaba poniendo un precio
Siempre
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