Se nos han acumulado las pesadillas por las esquinas.
Parece que se escurriese la podredumbre
por las tuberías de nuestra realidad;
y se ha impregnado todo de una mezcla de racionalidad gris
que ha pulsado el stand by para
dejar una música monótona sonando de fondo.
Sin agudos, ni graves.
Solo continuada.
Como el tic tac de un reloj.
La falta de noticias aprisiona el alma
y carga el aire de una impaciencia
que solo invita a clavar las uñas en el sofá.
El rechinar de dientes se ha sumado a esta rutina impuesta
El rechinar de dientes se ha sumado a esta rutina impuesta
y masticamos nerviosismo para desayunar.
Alertas.
Alertas.
Al acecho.
Esperando a que salte el tigre y no falten balas para disparar.
El problema empieza cuando ya no hay bestia
El problema empieza cuando ya no hay bestia
y la normalidad ha venido para quedarse.
Sin sorpresas ni sobresaltos.
Todo teñido de un absurdo color gris que impregna cada paso
Todo teñido de un absurdo color gris que impregna cada paso
y se lleva todas las ganas.
Menos las de llorar.
Todos miran, pero nadie se atreve a preguntar.
Y quién va a atreverse a hacerlo
Y quién va a atreverse a hacerlo
cuándo llevas el cuchillo entre los dientes
y te sobra imaginación para buscar
razones
para seguir disparando.
Nadie hace nada. No dicen nada.
Siempre se supo que es peor la indiferencia a la rabia.
Te has quedado solo lanzando piedras contra una pared.
Y nadie dice nada.
Dejemos la ira un instante
Asumamos que no hay héroes ni princesas,
y que los fantasmas son propios del castillo de cada uno
Nadie hace nada. No dicen nada.
Siempre se supo que es peor la indiferencia a la rabia.
Te has quedado solo lanzando piedras contra una pared.
Y nadie dice nada.
Dejemos la ira un instante
Asumamos que no hay héroes ni princesas,
y que los fantasmas son propios del castillo de cada uno
y nadie más que uno mismo sabe como volver a encerrarlos.
La primavera se pelea por colarse en la habitación
La primavera se pelea por colarse en la habitación
y tú sigues empeñado en no descorrer las cortinas.
La ropa tirada por el suelo sigue teniendo mucho que ver con lo que somos ahora:
resaca de ayer. Cúmulo de razones para odiarnos un poco más cada día.
Y todavía resuena de fondo un abrazo dispuesto a darte el aliento
La ropa tirada por el suelo sigue teniendo mucho que ver con lo que somos ahora:
resaca de ayer. Cúmulo de razones para odiarnos un poco más cada día.
Y todavía resuena de fondo un abrazo dispuesto a darte el aliento
para hacerte empezar de nuevo.
Pero qué difícil es abrir los ojos,
cuando tú mismo te has encargado de acabar con las luces.
Recuerda,
aquí hemos venido a volar.
Recuerda,
aquí hemos venido a volar.
Y a derrumbarnos.
A llorar como solo los humanos saben a hacerlo.
y a buscar el mando a tientas para seguir dándole al play,
A llorar como solo los humanos saben a hacerlo.
y a buscar el mando a tientas para seguir dándole al play,
las veces que sea necesario.
Hay un cartel al final del pasillo que reza:
Prohibido salir corriendoY qué difícil es hacerle caso a veces,
a uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario