lunes, 18 de marzo de 2013

Apariencias


Fue más por necesidad que por cualquier otro motivo, aunque cueste creerlo. De un modo u otro, plantear aquel lugar separados se me antojaba como la peor de las ideas. Habíamos construido aquel rincón por y para nosotros y parecía increíble que una sola llamada hubiese bastado para destruirlo. No tardamos demasiado en recoger las cosas y largarnos de allí tirando por el camino 5 años a la basura, y enterrando millones de primaveras con ellos. Hacía sol o al menos eso parecía. Pero hacía frío, un frío azul que teñía todo de una tristeza todavía mayor. No nos dirigimos la palabra en todo lo que duró el trayecto en autobús. Una parte de mí no podía evitar culparnos. No fuimos prudentes, sabíamos que podía pasar desde el principio y aun así a medida que pasaba el tiempo nos fuimos confiando, perdiendo de esa manera cualquier oportunidad para intentar evitarlo. Te había desaparecido toda expresión de la cara, y tus ojos me parecían todavía más azules, más fríos. Como los glaciares de Argentina a los que prometiste llevarme un día. Como aquel horrible día de febrero. Como yo, mucho antes de conocerte. Me sujetabas la mano firme, con fuerza. Preparado para recibir cualquier señal que poder utilizar para salir corriendo de ese destino que ninguno de los dos había elegido. Se te escapaba la paciencia por el rechinar de tus dientes, por mucha serenidad que intentases demostrar. Aunque he de reconocer que el intento de aparentar normalidad era mutuo hasta el punto en que me daba pánico hablarte, no fuese a ser que me temblase la voz y descubrieses la angustia que me provocaba todo aquello. La ansiedad que me suponía saber que te marchabas a luchar por una causa que no era la tuya. Y sobre todo, las pocas ganas que tenía de no tener que volver a verte.
Los aeropuertos siempre se me han antojado como lugares de comienzo, no de finales, pero según nos acercábamos no podía dejar de sentir como poco a poco se iba bajando nuestro telón. Nos tomamos el último café, y me pusiste esa media sonrisa de cuando intentas aparentar ser feliz. “Que nunca pudo ser criatura”, pero que poco me importaban a mí sus normas esta vez si se estaban llevando la confianza de años, el esfuerzo de optar por una vida acompañada después de tanto tiempo prescindiendo de todo ser ajeno. Recogiste tus cosas y te dirigiste a la aduana. Ni una sola vez quisiste mirar atrás.




No hay comentarios:

Publicar un comentario