Me cruzo de brazos ante los que todavía no saben que
el abrazo no abriga. Que el abrazo sujeta. Que el abrazo impide que usemos
nuestras propias manos para ahogarnos. Que el abrazo salva a uno del otro, los
aleja del yo para
acercarlos al nos.
i.
Alguien
alguna vez me dijo
Que
la vida se distingue por dos clases de momentos:
Los
que la quieres,
Y
los que la odias.
Y
que uno debe esforzarse por desnivelar la balanza y conseguir
que
los primeros siempre superen a los últimos.
Luego
después, ese alguien desapareció.
ii.
Parece
que ya hemos estado aquí antes,
reconozco
los colores
como si de una antigua canción se tratase: Blanco, negro, gris.
como si de una antigua canción se tratase: Blanco, negro, gris.
Nos
han robado la saturación en un descuido
y
se han escabullido por una puerta de atrás que ya no existe
Como
de repetitivo puede ser el mundo a veces:
Blanco,
negro, gris.
iii.
una
parte de ti ya lo sabía:
“el
mundo es una mierda pero hay que tomarlo con paciencia”.
A
veces me acuerdo de cuando aún escribíamos poesía en el recreo
y
los poemas los escondíamos en los dobladillos de la falda
Más
tarde, quemábamos nuestros sueños con papel de fumar
y
ya entonces dejamos de creer en los príncipes,
simplemente
soñábamos con ser más fuertes,
y
vencer al lobo.
Quizás,
haya perdido la impunidad de decir que estábamos equivocados,
cuando
mi único error fue no aceptar la culpabilidad de mis dudas,
hasta
que crecieron y anidaron como un cáncer
hasta
que transformaron tu recuerdo en algo turbio, incoloro,
como
el gris que en este instante rodea toda la materia.
No
me gustó que me conocieses casi como nadie
cuando
te convertiste en alguien a quien no conocía
iv.
Número
ocupado, me dicen,
Y
a mí se me han quedado las manos frías de esperarte;
El
corazón ya no responde,
como
si también él se hubiera quedado sin batería
como
si estuviese pidiendo tiempo muerto,
antes
de salir de nuevo al ruedo
y
puedan machacarlo otra vez.
v.
Algunas
tardes abro la ventana
me
tumbo en el suelo de mi habitación, cierro los ojos,
y
si me esfuerzo consigo,
que
el ruido de los coches me devuelva al Atlántico
Hasta
que me doy cuenta
de
que nunca he estado en esta playa
tan
sola.
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