jueves, 14 de noviembre de 2013

Noviembre

Os he estado observando. A todos.
No sois más que una mezcla de dudas y miedos
que me provoca angustia suficiente como para no volver a dormir.
Y eso hago. Evitar las noches como si de demonios se tratasen
No vaya a ser que me pueda la mala conciencia a mi también
Y acabé terminando teniendo que ir.

Creo que no formo parte de ninguna excepción.
Que a todos nos ha podido el miedo alguna vez, 
y eso es precisamente lo que me pasó a mí.
Ahora te tengo delante y sigo sin verte. 
Se me hace imposible imaginar que detrás de tanta piedra 
pueda quedar algo del pasado de tanta gente. 
Y qué absurdo parece tener que buscar a las personas tan abajo, 
cuándo a mí siempre se me ha antojado más bonito buscarte en el aire, muy arriba. 
Será por aquellas veces que nos pasábamos las tardes buscando pájaros 
y esperábamos que alguno se dignase a llevarnos con él.
Más arriba, siempre más arriba.

Ahora estando aquí sentada ya no me parece tan tontería.
Casi lo entiendo.
Coger aire poco a poco. Hasta que se apaguen las lágrimas.
Y dejar que la conciencia se apague llevándose al miedo
Y dejar paso a mil y una noches de cuentos para dormir
(y es que sí, hubo una etapa en la que nosotros también lo conseguíamos)

Te han traído flores. Siempre lo hacen.
A mí me han traído a rastras.
y oye, les ha costado ¿vale? 
Que no ha sido fácil. Pero algún día tenía que terminar cediendo. 
Algo me estaba perdiendo. 
Y empezaba a cansarme que me lo contaran.

No sé muy bien con cual de sus explicaciones me quedo,
ya te digo que a mí, me lo sigue pareciendo.
Aquí se respira más culpabilidad que desahogo
y ya sabes que la angustia nunca se me ha dado bien.
Que las bicicletas solo quedan bien al lado del mar
y el día que te fuiste hasta allí dejaron de tener sentido.

Se han ido marchando todos.
¿Es así como tiene que ser?
No hay ningún dónde a la vista, solo las ganas de.
Y a mi se me atragantan las razones para explicarte 
que desde entonces vivimos en un campo de batalla continuo
y los fusilamientos amanecen a diario.
Y veo a tus soldados cada noche guardando filas 
por si acaso terminas dando la orden al amanecer. 
Callados, pacientes. 
Pero en su interior, ardiendo de rabia.
Y yo me pregunto cómo es capaz de que siga ardiendo la llama 
si hace ya demasiados inviernos que sólo dejaron cenizas.

Tengo miedo de que no se apague nunca,
O peor,
tengo miedo de que termine consumiéndose
y ya no tenga razones para volver.

Creo que ha llegado el momento de dignarme a mirarte a los ojos.
Que tampoco ha llovido tanto, ¿verdad?
Qué tal, cómo has estado.
Voy a contarte un chiste, 
a ver si así consigo que te olvides del tiempo que me dediqué a esquivarte
(Y no te reirás ni un poco, soy consciente,
pero la intención también cuenta a veces)

Que sigues haciendo la misma falta que el día que te fuiste;
no importa cuántas primaveras le lluevan a este lugar.
Voy a dedicarte una rosa de tu jardín,
y un poco de olor a mar. Del Atlántico por supuesto.
Y mucho tiempo. Todo mi tiempo.
Porque ese es todo el tiempo que nos queda.
Y que se atrevan a intentar dejarnos sin ello.

___________________________________________________________________________

Y hoy volvería allí aunque fuese un instante. A sentarnos y dejar que la hierba nos ayudase a contar las horas. Debería llover, ¿verdad? Pero no mucho, lo suficiente para poder frotarnos los ojos y fingir que las emociones son más producto del tiempo que nos rodea, y no del que llevamos sin vernos.
Dicen que a la nostalgia la amplifican los kilómetros, y yo digo que algo similar debe ocurrir con la forma de echar de menos. Hoy no vendrás a contarme historias para dormir mejor, ni habrá tigres ni leones dibujándose en mi cama, ni tampoco pájaros esperándonos para levantar el vuelo.
Hoy no habrá gestos, ni recuerdos, y es que en este lugar del mundo pensar demasiado es algo que hemos aprendido a evitar. Algunos lo llaman precaución, para mí es más bien supervivencia.
Aun así parecerá casi imposible no recordar la aspereza de tus manos al pasar las hojas del periódico. Tu caligrafía siempre en mayúsculas. El olor de tu colonia. Y el café solo.

Hoy hace tres años que decidiste que tu papel en el mundo se había terminado y esta vez las velas se encienden desde un mar que nunca fue nuestro, pero el cual se me sigue antojando igual de salado.
Y que siga lloviendo todavía un rato más.
Como aquel día en Paris que me llegó una carta con tu nombre y un único mensaje. 
Y hoy te lo recuerdo así.

Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo,
Por favor no te entristezcas ni derrames lágrimas,
Ni te abraces a tu pena a través de los años.

Por el contrario, empieza de nuevo con valentía
Y con una sonrisa por mi memoria.
Y en mi nombre vive tu vida,
Y haz todas las cosas igual que antes.

No alimentes tu soledad con días vacíos
Sino llena cada hora de manera útil.

Extiende tu mano para confortar y dar ánimo
Y en cambio yo te reconfortaré
Y te tendré cerca de mí.

¡Y nunca, nunca tengas miedo de morir
porque estaré esperándote en el cielo!



1 comentario:

  1. Truly from the heart. I don't understand the circumstances of this piece, but nonetheless it's was not an easy piece to write.

    ResponderEliminar