Os he
estado observando. A todos.
No sois
más que una mezcla de dudas y miedos
que me
provoca angustia suficiente como para no volver a dormir.
Y eso
hago. Evitar las noches como si de demonios se tratasen
No vaya
a ser que me pueda la mala conciencia a mi también
Y acabé
terminando teniendo que ir.
Creo
que no formo parte de ninguna excepción.
Que a
todos nos ha podido el miedo alguna vez,
y eso es precisamente lo que me pasó a
mí.
Ahora
te tengo delante y sigo sin verte.
Se me hace imposible imaginar que detrás de tanta
piedra
pueda quedar algo del pasado de tanta gente.
Y qué absurdo parece tener
que buscar a las personas tan abajo,
cuándo a mí siempre se me ha antojado más
bonito buscarte en el aire, muy arriba.
Será por aquellas veces que nos
pasábamos las tardes buscando pájaros
y esperábamos que alguno se dignase a
llevarnos con él.
Más
arriba, siempre más arriba.
Ahora
estando aquí sentada ya no me parece tan tontería.
Casi lo
entiendo.
Coger
aire poco a poco. Hasta que se apaguen las lágrimas.
Y dejar
que la conciencia se apague llevándose al miedo
Y dejar
paso a mil y una noches de cuentos para dormir
(y es
que sí, hubo una etapa en la que nosotros también lo conseguíamos)
Te han
traído flores. Siempre lo hacen.
A mí me
han traído a rastras.
y oye,
les ha costado ¿vale?
Que no ha sido fácil. Pero algún día tenía que terminar
cediendo.
Algo me estaba perdiendo.
Y empezaba a cansarme que me lo contaran.
No sé
muy bien con cual de sus explicaciones me quedo,
ya te
digo que a mí, me lo sigue pareciendo.
Aquí se
respira más culpabilidad que desahogo
y ya sabes que la angustia nunca se me ha dado bien.
Que las
bicicletas solo quedan bien al lado del mar
y el día que te fuiste hasta allí
dejaron de tener sentido.
Se han
ido marchando todos.
¿Es así
como tiene que ser?
No hay
ningún dónde a la vista, solo las ganas de.
Y a mi
se me atragantan las razones para explicarte
que desde entonces vivimos en un
campo de batalla continuo
y los fusilamientos amanecen a diario.
Y veo a
tus soldados cada noche guardando filas
por si acaso terminas dando la orden al
amanecer.
Callados, pacientes.
Pero en su interior, ardiendo de rabia.
Y yo me
pregunto cómo es
capaz de que siga ardiendo la llama
si hace ya demasiados inviernos que sólo dejaron
cenizas.
Tengo
miedo de que no se apague nunca,
O peor,
tengo miedo de que termine consumiéndose
y ya no
tenga razones para volver.
Creo
que ha llegado el momento de dignarme a mirarte a los ojos.
Que
tampoco ha llovido tanto, ¿verdad?
Qué
tal, cómo has estado.
Voy a
contarte un chiste,
a ver si así consigo que te olvides del tiempo que me
dediqué a esquivarte
(Y no te reirás ni un poco, soy
consciente,
pero la
intención también cuenta a veces)
Que sigues
haciendo la misma falta que el día que te fuiste;
no
importa cuántas primaveras le lluevan a este lugar.
Voy a
dedicarte una rosa de tu jardín,
y un
poco de olor a mar. Del Atlántico por supuesto.
Y mucho
tiempo. Todo mi tiempo.
Porque
ese es todo el tiempo que nos queda.
Y que
se atrevan a intentar dejarnos sin ello.
___________________________________________________________________________
Y hoy
volvería allí aunque fuese un instante. A sentarnos y dejar que la hierba
nos ayudase a contar las horas. Debería llover, ¿verdad? Pero no mucho, lo
suficiente para poder frotarnos los ojos y fingir que las emociones son
más producto del tiempo que nos rodea, y no del que llevamos sin vernos.
Dicen
que a la nostalgia la amplifican los kilómetros, y yo digo que algo similar debe
ocurrir con la forma de echar de menos. Hoy no vendrás a contarme historias
para dormir mejor, ni habrá tigres ni leones dibujándose en mi cama, ni tampoco
pájaros esperándonos para levantar el vuelo.
Hoy no habrá
gestos, ni recuerdos, y es que en este lugar del mundo pensar demasiado es algo
que hemos aprendido a evitar. Algunos lo llaman precaución, para mí es más bien supervivencia.
Aun así
parecerá casi imposible no recordar la aspereza de tus manos al pasar las hojas
del periódico. Tu caligrafía siempre en mayúsculas. El olor de tu colonia. Y el
café solo.
Hoy
hace tres años que decidiste que tu papel en el mundo se había terminado y esta
vez las velas se encienden desde un mar que nunca fue nuestro, pero el cual se me sigue
antojando igual de salado.
Y que
siga lloviendo todavía un rato más.
Como
aquel día en Paris que me llegó una carta con tu nombre y un único mensaje.
Y
hoy te lo recuerdo así.
Cuando
tenga que dejarte por un corto tiempo,
Por
favor no te entristezcas ni derrames lágrimas,
Ni te
abraces a tu pena a través de los años.
Por el
contrario, empieza de nuevo con valentía
Y con
una sonrisa por mi memoria.
Y en mi
nombre vive tu vida,
Y haz
todas las cosas igual que antes.
No
alimentes tu soledad con días vacíos
Sino
llena cada hora de manera útil.
Extiende
tu mano para confortar y dar ánimo
Y en
cambio yo te reconfortaré
Y te
tendré cerca de mí.
¡Y
nunca, nunca tengas miedo de morir
porque
estaré esperándote en el cielo!
Truly from the heart. I don't understand the circumstances of this piece, but nonetheless it's was not an easy piece to write.
ResponderEliminar