jueves, 6 de enero de 2011

Amaneceres

Os hablo de morirse por dentro para renacer en cada pestañeo.
Dejar que tu vida se reduzca al aliento del uno más uno.
Desgarros, a ras de piel. Compasión pérdida.
¿Que sigue quedando mucho?, por supuesto.
Te pones a pensarlo y da hasta miedo.
Salido de la nada.
Entre promesas que nunca funcionaron y soluciones de otro tiempo.
Que masticabas ansiedad y dormías entre fracaso.
Que tu vida quedó reducida a cenizas de las que no tenías ni la más remota de idea de cómo renacer…
Y ahora mírate.
Esta eres tú.
Millones de años luz después y con demasiados fuegos artificiales en la cabeza.
 Y reduces a saliva tus momentos más valiosos,
Y qué le vas a hacer, ¿verdad?
Al fin y al cabo nadie nació para estar solo.

(…)
Pero que os voy a contar que no sepáis.
A quién no se le ha escapado una sonrisa de vez en cuando,
Y quien me niega que a veces no hay mejor sensación que la de compartir colchón.

Y así entre un humo cada día más barato que se esfuerzan en pedirle que extermine no sabe sino reírse.
De ella, de sí misma, del mundo entero.

Ya pueden morirse todos.
Ella renace de nuevo.



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